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jueves, 26 de mayo de 2011

La peculiaridad de la terminología del ciclismo, terreno abonado para galicismos e italianismos

El ciclismo de competición llegó a ser deporte rey antes que el fútbol y acaparó espacios de privilegio en los medios de comunicación de la Europa continental durante la primera mitad del siglo XX. De hecho, nació y se desarrolló amparada en el crecimiento de las primeras grandes cabeceras de la prensa deportiva diaria, La Gazzetta dello Sport (Milán, 1896) y L´Auto-Vélo (París, 1900), que primero fomentaron las clásicas de la época como París-Ruan o Milán-San Remo y luego acogieron e impulsaron las primeras vueltas ciclistas por etapas.

En 1903, L´Auto anunciaba en portada (en la imagen) la disputa de la primera edición del Tour, cuyo ganador luciría un maillot de color amarillo, el mismo que las páginas del diario fundador del evento, L´Auto. Por su parte, en 1909 La Gazzetta ideó una ronda similar que recorriera de norte a sur el país transalpino. Desde ese momento, el diario lombardo se convirtió en patrón del Giro, un hecho que motivaría, también en este caso, que el color de las páginas rosa del rotativo se trasladase a la maglia que viste el líder provisional o el vencedor de la prueba (desde 1931).

Todavía hoy la organización de las dos vueltas ciclistas más importantes del mundo sigue estando asociada a ambas cabeceras deportivas, las cuales han contribuido a través de la difusión de noticias a la popularización de un deporte y su terminología. Todo este proceso de acunamiento y mecenazgo ha sido el que, con el paso de las décadas, ha propiciado en parte que actualmente el ciclismo sea una de las pocas modalidades deportivas cuyo léxico no provenga mayoritariamente del inglés y que, tal como recogen a diario los medios de comunicación en lengua española, sea asumido fácilmente por la gran mayoría de los ciudadanos a pesar de que contiene un buen número de vocablos extranjeros, sobre todo galicismos e italianismos.

Efectivamente, a través de L´Auto primero y luego de su heredero natural, L´Equipe, Francia desempeñó un papel decisivo en la formación de la terminología del ciclismo, al igual que ocurrió con otras actividades gestadas o desarrolladas en este país, como el rugby (melé, avant, touche), la hípica (piaffé, passage) e incluso el boxeo (crochet). A este respecto, Recaredo Agulló (Diccionario de Términos Deportivos, 2003) recuerda también que el influjo del francés ha sido notorio en los deportes aéreos, el automovilismo o la esgrima.

Así, las crónicas de ciclismo en los medios en lengua española han acabado consolidando en sus pasajes voces como maillot (que ha desplazado a jersey, su correspondencia en castellano), coulotte (ya hispanizada como culote), pavés (adoquinado), col (puerto de montaña), grimpeur (escalador), routier (rutero o ciclista especializado en pruebas de carretera), coequipier (compañero de equipo) e incluso finiseur (ciclista cuyas características le permiten demarrar en llano en el último o últimos kilómetros en busca de la victoria, sin esperar al esprín).

Al igual que las voces procedentes del francés se emplean de modo habitual para evitar repeticiones, dar lustre y enriquecer los textos periodísticos sobre ciclismo, el lenguaje periodístico en español también ha incorporado italianismos, muy habituales y recurrentes cada vez que se disputa el Giro, tales como maglia, grupetto (pequeño grupo de corredores que marchan rezagados respecto al pelotón) o volata (esprín o llegada).

Pese a la universalización de la información periodística sobre ciclismo y a la existencia de vueltas por etapas prácticamente en todo el mundo, la terminología original de esta disciplina, proyectada desde las crónicas primigenias de los primeros diarios deportivos franceses e italianos, se ha mantenido hasta hoy y sigue siendo una de las que más extranjerismos acoge en su seno.

miércoles, 6 de abril de 2011

La estandarización de los extranjerismos deportivos. El caso particular de la terminología del golf

El lenguaje periodístico deportivo ha entrado a formar parte de la lengua común al universalizarse el uso de sus palabras y expresiones entre los ciudadanos. No obstante, esta socialización de los términos deportivos varía en función de la popularidad que haya alcanzado una disciplina determinada.

De manera especial en el fútbol, pero también el baloncesto, el ciclismo, el tenis y -en los últimos tiempos- el motociclismo o el automovilismo (Fórmula Uno), el léxico empleado es más fácilmente comprensible para todos los tipos de público porque son modalidades a los que los medios dedican una atención preferente y de las que se ha divulgado su terminología, originalmente de índole técnica y en la mayor parte de los casos de procedencia extranjera.

Sin embargo, la terminología de esas otras modalidades más minoritarias que todavía no copan grandes espacios en la agenda periodística, sigue teniendo un carácter más críptico, de forma que determinados vocablos y expresiones a menudo requieren de una traducción o explicación añadida (entre paréntesis si es preciso) por parte de los periodistas para hacerlos efectivamente entendibles.

A caballo entre lo mayoritario y lo técnico se encuentra la terminología del golf, que todavía permanece alejada del gran público pese a tratarse de un deporte que ha ganado en popularidad de manera ostensible en los últimas décadas gracias a los éxitos internacionales de figuras como Severiano Ballesteros, Txema Olazabal o Sergio García en el caso de España.

Ciertamente, el carácter técnico del léxico golfístico es en gran medida consecuencia del caudal de voces extranjeras que componen el reglamento de esta disciplina. A pesar de que desde las instituciones académicas se han producido intentos por hispanizar su vocabulario (han surgido los verbos chipear, dropear y patear; y se han castellanizado las formas búnker, hándicap, albatros o cadi), los medios de comunicación siguen decantándose por el uso de las grafías originales en inglés, al tratarse de términos cuyo uso está justificado porque no desplazan a otros en nuestra lengua y definen un concepto nuevo (green, tee, swing, putt o drive).

Además, otro factor decisivo que determina que los medios se decanten por el uso de la voz inglesa original en lugar de hallar o forzar una correspondencia en castellano es la economía del lenguaje. Términos como bogey, birdie o eagle definen con exactitud un concepto que en español no tienen una traducción clara (uno sobre par, uno bajo par y dos sobre par, respectivamente) o requeriría de más de una palabra e incluso una oración para definir completamente su significado (match play es la fórmula de juego que consiste en jugar por el mayor número de hoyos ganados; y medal play o stroke play es la modalidad en la que se juega a hacer el menor número de golpes a lo largo de un recorrido).

Así, nos encontramos, por ejemplo, con que approach se traduce por golpe de aproximación; backspin es un golpe con efecto de retroceso; followthrough equivale a la parte del movimiento que acompaña a la bola después de haberla golpeado; slice se puede definir como un golpe con efecto de izquierda a derecha; pro-am es la competición en la que toman parte golfistas; fourballs constituye la modalidad de competición en la que se enfrentan dos jugadores contra dos, jugando cada golfista su bola y puntuando en cada hoyo el mejor resultado individual de cada equipo; o foursomes, una modalidad en la que cada equipo está formado por dos jugadores que utilizan la misma bola, que deben golpear de manera alternativa.

También en este caso, a pesar de la extranjerización dominante del lenguaje, la especialización periodística no ha de estar nunca reñida con la divulgación. Sea mediante voces españolas o con palabras en inglés y sus pertinentes explicaciones, los informadores deportivos deberán procurar que el mensaje sea siempre claro y comprensible para todos.

viernes, 4 de marzo de 2011

Un nueva monografía propone un recorrido por los extranjerismos más utilizados en 83 disciplinas deportivas

El Servicio de Publicaciones de la Universidad de la Rioja acaba de editar la monografía Términos deportivos de origen extranjero, obra de los doctores en Filología Hispánica y Ciencias de la Acti- vidad Física y el Deporte, Jesús Castañón y Edmundo Loza, respectivamente. Los autores proponen un recorrido por 39 lenguas diferentes para explicar los orígenes, significados, usos y, en su caso, equivalencias de las voces de procedencia foránea más utilizadas en los medios de comunicación deportivos en lengua española.

Se trata de un ambicioso estudio que aglutina, a modo de diccionario, un total de 2.761 entradas de 83 disciplinas diferentes con 2.969 acepciones diferentes y hasta 1.197 correspondencias en castellano, de acuerdo con los significados registrados en publicaciones oficiales del deporte y de la lengua. Asimismo, incorpora un extenso apartado bibliográfico con 1.142 referencias específicas sobre lenguaje deportivo.

En este enriquecedor viaje por las palabras deportivas que ofrecen Castañón y Loza, tienen cabida voces acuñadas recientemente como consecuencia tanto de la universalización de la práctica de ejercicio físico como hábito saludable entre la población (aquagym, spinning, hidro power training), como del nacimiento de nuevas modalidades a partir de la combinación, evolución o especialización de otros deportes preexistentes (ironman, piragua cross, sky surf, body combat, canoeing surf).

Igualmente, amplía el conocimiento sobre otras disciplinas de escaso arraigo popular en el ámbito de países hispanoblantes, como son los casos de korfball, netball, lacrosse, slamball, spaceball o speedball.

Los autores también ofrecen soluciones en español para aquellos extranjerismos más o menos prescindibles, ya sea porque se han castellanizado o bien porque ya existen en nuestro idioma términos equivalentes para expresar el mismo significado. Así, por ejemplo, se sugieren como equivalencias diferencial en lugar de average, clásico o derbi por derby, fase final entre cuatro en vez de final four, estancia o estadía por stage, o gran premio por grand prix.

Otras voces foráneas, sin embargo, como graining o kers en el mundo del automovilismo se confirman como términos para los que, de momento, no se ha hallado una traducción exacta al español que encierre el mismo concepto que en inglés.

La obra tiene un claro carácter panhispánico, una visión global que es fácilmente perceptible en las diferentes posibilidades ortográficas que recoge de una misma entrada (basketball puede ser baloncesto, pero también básquet, básquetbol o basquetbol) o de la fijación de diferentes equivalencias, válidas en función de las latitudes del español en que nos situemos (stopper no solo equivale a pivote o mediocentro defensivo, sino también volante defensivo; y pitcher encuentra como correspondencias lanzador, pícher, monticulista, serpertinero o tirador).

Entre los extranjerismos deportivos más extendidos se ofrecen muchas posibilidades, aplicables según la modalidad de la que se trate. De esta forma, la voz playoff puede ser reemplazada, según el caso, por eliminatoria, fase final, liguilla, liguilla final, segunda fase, serie final, serie semifinal, series finales e incluso desempate (ajedrez).

De las principales conclusiones que ofrecen los autores de este libro, sobresale el hecho de que las lenguas oficiales de los organismos internacionales del deporte, ingles y francés, aportan el 58,5% del total de las acepciones recogidas. Tras la lengua inglesa, de la que provienen 1.593 significados, aparecen por orden de importancia, el japonés, con 721 acepciones, el francés (144), el chino (91), el indonesio (63), el italiano (39), el malayo (31), el alemán (30), el coreano (27) y el ruso (22).

Por modalidades, las que acogen de manera habitual un mayor número de términos extranjeros son las artes marciales en su conjunto (1.054), seguidas del béisbol, golf, deportes de invierno, ajedrez, hípica, tiro olímpico, squash, gimnasia deportiva, ciclismo, hockey, tenis, rugby y automovilismo.

Términos deportivos de origen extranjero es, en suma, una obra que pone de manifiesto la gran complejidad léxica del mundo del deporte y su creciente consideración social y científica como un campo que renueva y enriquece continuamente el idioma.

martes, 21 de diciembre de 2010

Los extranjerismos deportivos cambiantes según la Nueva Ortografía

El periodismo deportivo ha ido introduciendo en la lengua común multitud de palabras y expresiones de procedencia extranjera, debido sobre todo al hecho de que la mayoría de las disciplinas nacieron y se desarrollaron inicialmente en otros países (de manera destacada el Reino Unido; en las últimas décadas, Estados Unidos; Francia en el caso de disciplinas como la hípica, deportes aéreos, ciclismo o alpinismo; y Japón en muchas de las artes marciales), de cuyos idiomas llegaron para conformar una terminología amplia y variada.

Muchos de estos extranjerismos deportivos son realmente superfluos o innecesarios porque designan conceptos para los que ya existen correspondencias en español (tenis de mesa-ping pong, tie break-muerte súbita, safety car-coche de seguridad, indoor-bajo techo), mientras que otros tantos son necesarios porque se refieren a nuevas realidades (boxes, pívot, croché, melé) o están simplemente muy extendidos entre la población y se han mantenido en su grafía original (maillot, turf, handicap, playoff, set).

Ante esta llegada masiva de extranjerismos para definir nuevas realidades dentro del idioma en general y del lenguaje deportivo en particular, la Asociación de Academias de la Lengua Española, en su esfuerzo permanente por estandarizar la norma y un uso panhispánico del idioma, se ha decantado claramente por la hispanización de cuantos más términos foráneos mejor, teniendo en cuenta tres principios fundamentales: la afinidad fonética, la etimología y el uso.

Así queda plasmado en la recientemente publicada Nueva Ortografía, donde los académicos apuestan por adaptar la escritura originaria de todas las palabras procedentes de otras lenguas prescindiendo de las letras que no tienen reflejo en su pronunciación. Así, por ejemplo, ahora se escribirá yudo (en lugar de 'judo'), mánayer (y no 'manager'), yúnior (en vez de 'junior') o márquetin (y no 'marketing').

En este sentido, la Nueva Ortografía sigue la línea iniciada por el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005), que ya recogía la necesidad de adaptar la pronunciación o de la grafía de palabras extranjeras cuando las posibles equivalencias se encaminan a "preservar el alto grado de cohesión entre forma gráfica y pronunciación característico de la lengua española".

Esta adaptación al español se hace por dos vías: o bien manteniendo la grafía original pero con pronunciación y acentuación española (máster, tránsfer) o bien conservando la pronunciación original aun habiendo adaptado la forma extranjera al sistema gráfico español (pádel, esprín).

La Nueva Ortografía también señala que, en el caso de los extranjerismos más extendidos, se podrá mantener la grafía y pronunciación originarias siempre y cuando se escriban con cursiva o comillas para señalar su carácter ajeno a la ortografía del español. No obstante, advierte de que el hecho de que una voz extranjera tenga un uso internacional no significa que haya que bloquear el proceso de adaptación a la lengua española, al que hay que considerar siempre en marcha.

Por todo ello, no es de extrañar que de aquí a unos años la ortografía de muchos extranjerismos sea muy distinta a la que hoy conocemos y que, por ejemplo, sean habituales escrituras como bogui ('bogey'), ápercat ('uppercut') o rali ('rally'), al igual que está ocurriendo, siempre en algunos países más que en otros, con cadi ('caddie'), derbi ('derby'), crac ('crack'), ranquin ('ranking') o ampáyer ('umpire'),

Está claro que el tiempo dará y quitará razones. Entretanto, mientras los académicos se deciden a incluir nuevas voces en los diccionarios, los medios de comunicación seguirán registrando nuevos usos y dando forma a nuevos vocablos importados.