Mostrando entradas con la etiqueta libro de estilo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libro de estilo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El primer libro de estilo de un medio de comunicación en español cumplió, sigilosamente, 60 años

Es una de esas tantas viejas obras que se citan en muchas ocasiones cuando se habla de estilo y redacción periodística, pero de la que apenas queda constancia en imágenes. Menos aún en internet. De hecho, la que ilustra este post es la primera que usted podrá encontrar en Google al introducir determinadas palabras clave, como título y autor: Manual de Selecciones. Normas generales de redacción, de Jorge Cárdenas Nannetti.

Tampoco ha de resultar extraño que en 2019 se hayan cumplido sesenta años desde que este texto viera la luz y esta efeméride haya pasado inadvertida incluso para muchos estudiosos en la materia que han recogido en sus repertorios bibliográficos la fecha de publicación del que está considerado como el primer manual de estilo de un medio de comunicación en lengua española de la historia. 

Manual de Selecciones. Normas generales de redacción es un texto pionero, sin duda, pero al que cuesta situar en el tiempo y en el espacio, quizá por la dispersión geográfica de los acontecimientos y de sus protagonistas. La obra se publicó en 1959 en La Habana (Cuba) y fue escrita por un colombiano para la edición en español de una revista estadounidense, Selecciones del Reader’s Digest.

Esta guía de estilo, de apenas 57 páginas, tiene como objetivo principal lograr una buena traducción del inglés -lengua original de la revista- al español. Así, tras la "advertencia preliminar" en la presentación de la obra, el autor afirma:

"Consideramos que una traducción digna de publicarse en la Revista o en los libros condensados en nuestra "Biblioteca" no debe recordar al lector su origen inglés, sino que ha de dar la sensación de que el artículo o el libro fueron redactados originalmente en castellano. Los principales requisitos que exigimos son: 1) Fidelidad al original; 2) Buen estilo; y 3) Corrección gramatical".

Este manual, al concebirse para una revista que se difunde a un conjunto de países que comparten un mismo idioma, se fija como meta la utilización de un español internacional, esto es, de un lenguaje que sea igualmente comprensible en cualquier país del arco hispanohablante y que, al mismo tiempo, preserve la lengua española frente a la poderosa influencia del inglés en Latinoamérica en un momento de la historia caracterizado por la expansión de los principales medios de comunicación estadounidenses (agencias y canales de televisión) en la zona.

Índice de contenidos del Manual de Selecciones.

Así, Cárdenas Nannetti aconseja prescindir de toda clase de extranjerismos y de regionalismos, ya que estos no se entienden fuera de su país de origen, mientras "encarece a todos sus colaboradores la estricta observancia de estas normas; no solo porque es indispensable mantener en la Revista uniformidad y consecuencia, sino porque reconoce la responsabilidad que tiene de contribuir a la unidad del idioma español en todo el mundo".

Aparte del propósito de traducir correctamente textos del inglés al español, este manual de estilo compendia una serie de normas gramaticales y ortográficas de suma utilidad aplicables también a la redacción periodística:

"Muchos puntos de gramática, de puntuación y de ortografía (el uso de mayúsculas y los acentos, por ejemplo) pueden ser materia de opiniones diversas; o, más grave aún, de vacilaciones que hacen perder mucho tiempo. Nosotros hemos querido evitar en lo posible estos tropiezos adoptando en los casos más frecuentes un criterio preciso, lo que equivale entregar al traductor el problema resuelto de antemano".

Igualmente, está muy presente la consideración de lo que debe ser un "buen estilo". Cárdenas Nannetti parte de la premisa de que el estilo es una opción, válida siempre dentro de la corrección lingüística, pero que básicamente ha de ser una única opción como respuesta con el fin de dar uniformidad y coherencia al producto periodístico resultante:

"Sin caer en la presunción de creer que nuestro criterio es el único aceptable, o siquiera el mejor, sí opinamos que, en materias controvertibles, es preferible tener una norma clara a no tener ninguna; y que, tanto en la Revista como en los libros editados por SELECCIONES, la falta de uniformidad y consecuencia confundiría al lector, complicaría el trabajo de los revisores y dificultaría la vigilancia constante que deseamos mantener sobre el nivel del estilo y la corrección gramatical".


Una coda, un homenaje

En la labor de investigador, en la Academia, en la ciencia, pero al fin y al cabo como ocurre en el periodismo, el rigor ha de ser la guía, debe constituir nuestro método de trabajo. La inquietud hace el resto y fue esto lo que nos llevó hace ya más de una década, en pleno proceso de elaboración de la tesis doctoral sobre libros de estilo, a comprobar la existencia de este mítico texto en algún lugar, yendo mucho más allá de citas leídas a otros autores. Esas citas de otros han de ser verificadas antes de que pueda propagarse, a veces sin el control deseable, una cadena de referencias que no se apoyen debidamente en la fuente primaria, que puedan incurrir en errores e invaliden el hallazgo. 

Y así fue cómo finalmente pudimos certificar que el manual sí estaba ahí. Localizamos el ejemplar que pertenece al Fondo José Martí y que está cedido a la Biblioteca de la Universidad Europea de Madrid, lo leímos y lo analizamos. Ya es nuestro. Por eso hemos podido escribir esta breve historia para rememorar 60 años de la obra fundacional en la historia de los libros de estilo en español.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

E. Jiménez Ríos: "El hablante no sabe qué palabra es problemática o ha experimentado una evolución. Por eso, el diccionario ha de explicar sus cambios"

El profesor Jiménez Ríos, en su despacho.
En el día a día informativo empleamos palabras importadas o acuñadas en nuestra lengua para describir protagonistas e interpretar realidades. No obstante, pese a emplearlas con naturalidad, no siempre acudimos al diccionario ni a otras obras de referencia para comprobar si las utilizamos de una manera correcta en los textos periodísticos. Se trata de un ejercicio necesario, obligatorio para quienes tenemos en el lenguaje nuestra principal herramienta de trabajo, más aún teniendo en cuenta que muchas voces y expresiones han evolucionado -no paran de hacerlo de hecho- desde su acepción original y, en ocasiones incluso, han llegado a ser aceptados significados y usos que antes habían sido desechados como incorrectos.

Por ello, es muy importante que desde la investigación académica cada cierto tiempo se publiquen estudios que analicen y divulguen el idioma. La última de estas obras filológicas se titula Historia del léxico español en obras normativas y de corrección lingüística, escrita por Enrique Jiménez Ríos, profesor titular de Lengua Española en la Universidad de Salamanca. Autor también de libros como La crítica lexicográfica y el Diccionario de la Real Academia Española. Obras y autores contra el Diccionario (2013) o Divulgación y especialización lexicográfica. El DRAE a la luz de sus reseñas (2013), y de decenas de artículos en revistas especializadas, Jiménez Ríos propone un recorrido documentado por la historia de las novedades léxicas que se han ido introduciendo al cabo del tiempo en diccionarios y otras obras como diccionarios de dudas o libros de estilo. Hemos conversado con él sobre usos actuales y otras consideraciones del idioma.

- En su nueva obra incide en el estudio que explique la historia de las palabras. ¿Por qué era necesario este estudio sobre novedades léxicas en obras normativas y de corrección lingüística? 
- La idea que planteo en el libro es que la historia de una palabra no solo viene dada por los textos en que se documenta. Hay opiniones sobre ellas, comentarios de lexicógrafos, gramáticos, escritores, o estudiosos interesados por la lengua –no voy a decir solo por su cuidado- que son de mucho interés para trazar esa historia. En las obras normativas y de corrección lingüística es particularmente frecuente que las palabras registradas vengan acompañadas de esos comentarios.
Hoy lo vemos también en la prensa, cuando aparece una nueva palabra porque se acuña o se toma de otra lengua. Y ahora esto también se produce en la información que suministra periódicamente la Real Academia Española con la actualización del diccionario (lo hizo en diciembre de 2017 y 2018).

- La consideración de qué es correcto lingüísticamente reside para muchos hablantes solo en el hecho de que una palabra o expresión esté o no en el diccionario, como si ahí estuvieran todas las respuestas... 
- Esta consideración resulta de la idea que se tiene del diccionario, especialmente del Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (ahora también de ASALE, Asociación de Academias de la Lengua Española). Para los hablantes, la Academia es el órgano rector de la lengua y el diccionario, el instrumento para ejercer esa rección. La gramática y la ortografía lo son en menor medida, pues me atrevo a decir que la consulta de estas herramientas es menor que la del diccionario para el usuario de la lengua. Precisamente este hecho hace que en el diccionario se dé información propia de la gramática y la ortografía (más en uno con características específicas como el Diccionario panhispánico de dudas, publicado en 2005 por la RAE y ASALE).
La prueba de la afirmación hecha en la pregunta está en un hecho que podemos observar con frecuencia: al usar una palabra en ámbitos como la administración o la legislación se compulsa su existencia y significado propio en el diccionario académico, no en otro diccionario. El prestigio del diccionario y de la institución lo explican, y se llega a pensar que el diccionario es la lengua, que solo existe lo que en él se recoge.
Volviendo a la cuestión planteada: efectivamente en el diccionario no están las respuestas a todas las cuestiones que pueden llegar a plantearse los hablantes, ni es correcto solo lo que recoge. Además, podríamos preguntarnos por qué la comprobación se hace en el diccionario académico y no en otro. Y puede haber -como, de hecho, sucede- diferencias entre diccionarios.

- Usted señala, además, que el diccionario aparte de ofrecer palabras y significados e introducir modificaciones, debería explicar las razones que llevan a esos cambios porque esa es una información que puede ser útil para el usuario. 
- Sí, por una razón que me parece clara: porque el hablante no sabe qué palabra es problemática y cuál no. Por eso, el diccionario ha de ofrecer la información que puede encontrar, por ejemplo, en diccionarios de dudas o en libros de estilo. E incluso en esas obras que han proliferado en los últimos años que se ocupan de la historia de las palabras exponiendo relaciones y curiosidades históricas y etimológicas. El diccionario puede hacerlo, si pensamos en una lexicografía digital que no presenta las restricciones o limitaciones de espacio del soporte en papel.




"El periodismo deportivo ha generado el debate sobre la oportunidad o no de usar extranjerismos, sobre sus posibles equivalentes en español, el modo de admitirlos, con adaptación o sin ella. Es un tema abierto; sigue muy vivo y, por eso, es apasionante"







- De cualquier forma, y los periodistas lo experimentamos a diario, la gramática y el diccionario son obras indispensables para el manejo del idioma, pero a veces no bastan y hay que acudir a otro tipo de textos para resolver dudas. Me imagino que eso explica también la importancia de esas otras obras más allá de lo normativo que usted incluye en su estudio.
- La gramática y el diccionario son las obras fundamentales, pero hay otras que son relevantes en esa labor de enseñanza de la lengua y hay que destacar su función didáctica.
Una de las críticas que ha recibido el diccionario de la Real Academia Española es que recoge léxico muy diverso, que pretende cumplir muchas funciones: servir de diccionario histórico, ser un diccionario de regionalismos y americanismos, de tecnicismos, etc. Que es un diccionario que sirve para la comprensión de textos y poco para la producción. Todo esto depende de la información que suministre.
Las necesidades de los usuarios son diversas y un mismo diccionario no puede atender a todas. O no puede hacerlo adecuadamente; siempre destaca una función sobre otras. Por eso, hay distintos tipos de diccionarios. Con todo, siguen existiendo diccionarios generales como el académico, que podría completar su información. Esta información que se echa en falta aparece efectivamente en esas obras que ayudan al uso de la lengua y que resuelven muchas veces mejor las dudas que muchos diccionarios.

- ¿Qué papel ocupan y han ocupado los medios de comunicación en este proceso de forja de nuevas palabras, expresiones y significados?
- Un papel fundamental por la difusión de las novedades en el léxico. El cambio lingüístico, el cambio léxico, se explica como un proceso en el que a la creación de un término sigue su extensión o difusión. Los medios de comunicación actúan como resonadores de esa creación. Pienso ahora en palabras recientes, como cortoplacista o supremacista, que se deben a esa difusión y extensión. El resultado, si nos fijamos en la Academia y en su diccionario, y en la consideración de que solo existe y es correcto lo que aparece en él, ha sido su aceptación.

- Ahí están los libros de estilo periodísticos, que en algunos casos han contado con la participación de lingüistas y otros estudiosos del idioma y que en ocasiones incluyen recomendaciones o soluciones que no en encuentran (aún) en diccionarios.
- Efectivamente es así. Se han adelantado a admisiones o recomendaciones que con posterioridad han recogido los diccionarios. Esto ha sido así porque en su confección ha primado el criterio de uso, frente a la autoridad de los textos. Tradicionalmente, de un determinado tipo de textos, los literarios (e incluso de algunos autores, las autoridades que determinaron, por ejemplo, el primer diccionario académico, conocido precisamente así, Diccionario de autoridades). Con el tiempo la situación cambia. En la Academia, en la década de los noventa, gracias a la aparición de corpus léxicos, confeccionados a partir de una amplia tipología textual. Ahora el criterio aplicado para la admisión de una palabra, un significado o una construcción es el uso.

- Una de las obras que aún tienen en mente muchos periodistas sigue siendo El dardo en la palabra, de Fernando Lázaro Carreter, quien también fue el autor del primer manual de estilo de la agencia EFE. Usted lo destaca de hecho como uno de los grandes divulgadores de la lengua española. ¿Podría ahondar algo más en cuál fue su gran aportación a la expansión del conocimiento del idioma español?
- Fernando Lázaro Carreter fue autor de los libros de textos con los que han aprendido lengua española muchas generaciones en la enseñanza primaria y secundaria. Fue un filólogo muy reconocido y de mucho prestigio. Los artículos de El dardo en la palabra, publicados en la prensa, sirvieron para acercar la lengua a los lectores -a los hablantes-, a través de la explicación de sus usos.
Y hay otro hecho que se puede señalar aquí y del que ha resultado la expansión del conocimiento del español tanto para los estudiosos de la lengua como para los hablantes. Lázaro Carreter impulsó la informatización de la Real Academia Española en los años en que fue director. Durante su mandato en los años noventa del pasado siglo se pusieron en marcha los corpus, el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y el Corpus Diacrónico del Español (CORDE). A partir de ahí se crearon otras unidades en la Academia que han permitido acercar el trabajo desarrollado a los hablantes.

- ¿No cree aún más necesario que se explique al hablante bien por qué lo que antes era considerado incorrecto haya podido pasar a ser correcto al cabo del tiempo? Esos errores que de pronto dejan de serlo crean mucha confusión en el empleo de ciertas palabras. Pienso en algunas como cesar, pírrico, efectivo, …
- En el diccionario se pueden introducir estas explicaciones como notas de uso. Al hilo de lo dicho antes, el hablante no sabe qué palabra es problemática o ha experimentado una evolución; por eso, no puede quedar esta información en los diccionarios de dudas u obras específicas, o en el caso de un verbo como cesar, en la gramática.
Pero estas cuestiones van más allá del diccionario: se deben explicar en la enseñanza de la lengua como resultado de su evolución natural. El error es el motor del cambio; una incorrección puede dejar de serlo. En el léxico prefiero no hablar de error: una palabra es sustituida por otra, o toma un significado nuevo, distinto al que le es propio (lo propio aquí tiene mucho que ver con lo etimológico). Luego, el conocedor de estos hechos elegirá la forma o el uso que le parezca oportuno, lo que existe o lo nuevo. Esto en el pasado alimentaba la disputa entre casticistas y puristas: el casticista es quien se apega a lo tradicional y admite la novedad, aunque no participa de ella; el purista, rechaza la innovación y la censura.

- ¿En qué aspectos del léxico considera que es más complicado hacer entender al hablante los nuevos usos? ¿Quizá en esos neologismos considerados innecesarios? ¿O en esos extranjerismos de los que a veces se abusa?
- Yo creo que el hablante usa la lengua y muchas veces no se da cuenta de que hace uso de formas nuevas. Las oye o las lee, y las imita. Quizás no se plantea si son correctas o no, novedosas o no. Lo necesario o innecesario de un término no solo tiene que ver con lo conceptual, sino también con lo estilístico: un neologismo puede no ser necesario para designar una realidad por existir ya una palabra en español, pero puede venir rodeada de prestigio y cumplir una función estilística.
Lo que sí me parece fundamental aquí es que el hablante reflexione sobre su propia lengua, sobre el uso que hace de ella. Y esto solo puede conseguirse con instrucción y enseñanza.

- Ya que estamos en un blog centrado en la información deportiva, ¿qué aportaciones ha realizado el periodismo deportivo a la evolución de la lengua?
- Ha incorporado extranjerismos, particularmente anglicismos. Y lo que me parece más importante: ha generado el debate sobre la oportunidad o no de esos términos, la reflexión sobre sus posibles equivalentes en español, el modo de admitirlos, con adaptación o sin ella. Es un tema abierto; sigue muy vivo y, por eso, es apasionante.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Recomendaciones sobre el uso del lenguaje deportivo en el libro de estilo de la SER

El estilo es elección, también en periodismo, lo que no significa que las opciones no adoptadas ni escogidas por un medio sean siempre incorrectas lingüísticamente. Porque un libro de estilo no es un diccionario aunque pueda parecérsele, ni mucho menos una gramática. Así lo explica En Antena, el libro de estilo de la Cadena SER en su diccionario de dudas e incorrecciones lingüísticas. 

Pese a la popularidad de los libros de estilo, en muchos casos vendidos en librerías y considerados como guías de enseñanza del uso del idioma, este tipo de obras hay que observarlas sobre todo como instrumentos de autorregulación profesional de carácter interno, de carácter normativo solo para los profesionales que trabajan en un medio de comunicación de acuerdo a sus particularidades periodísticas y empresariales. El estilo es  un posicionamiento editorial, de la misma forma que la elección de las palabras tiene implicaciones éticas.

Por todo ello, los glosarios o diccionarios que suelen incluir estas obras arrojan luz, sin ser verdades absolutas, sobre cómo afrontar las principales dudas que asaltan al periodista a la hora de escribir o hablar (topónimos, extranjerismos, tecnicismos o americanismos) y, lo que resulta más difícilmente discutible, evitar algunas incorrecciones semánticas, ortográficas o incluso sintácticas en las que se incurre habitualmente.

Así se señala en el libro de estilo de la SER lo siguiente: "El hecho de que una palabra figure en este diccionario no significa que queda avalada para su uso. A menudo se incluyen términos desaconsejados, pero con la idea de orientar al redactor sobre su significado de modo que pueda encontrar una alternativa mejor, especialmente cuando haya de manejar textos escritos en otros idiomas y en los cuales una transcripción literal pueda inducir a equivocaciones".

Asimismo, se aclara que "a diferencia de lo que ocurre con los diccionarios, en el presente léxico no se sitúa siempre la explicación o definiciones de una palabra en la forma cuyo uso se prefiere, sino en la que se supone será buscada por un periodista en primer lugar, a fin de facilitarle el trabajo y ganar en rapidez". 

 Y otro punto importante cuando se habla de estilo es que la opción preferente no equivale a la renuncia de otras existentes: "Un término ‘se prefiere’ a otro cuando es el que ha de utilizarse como primera o única referencia; pero ello no impide que en referencias posteriores del mismo artículo se emplee el menos aconsejado, si queda claro que se usa como sinónimo y no induce a error; y siempre que no se trate de meras alteraciones ortográficas".

He aquí algunas de las recomendaciones sobre el uso del lenguaje aplicables al ámbito del periodismo deportivo incluidas en el libro de estilo de la Cadena SER:

. árbitra. Es correcto decir ‘la árbitra’ (y no ‘la árbitro’; ni tampoco ‘el árbitra’ por analogía con ‘el águila’ y otras palabras que comienzan por ‘a’ tónica, regla que no se aplica a palabras en las cuales opera el cambio de género).

. asequible. No es sinónimo de ‘fácilmente vencible’ ni ‘accesible’. ‘Asequible’ significa ‘que puede conseguirse o alcanzarse’; ‘accesible’ equivale a ‘que tiene acceso’ y, en sentido figurado, ‘de fácil acceso o trato’. Es incorrecto decir “le ha tocado en el sorteo un rival asequible”, salvo que se desee expresar que se trata de un rival fácil de comprar.

. asistencia. En el lenguaje deportivo, no se debe confundir este término con ‘pase’.  Sólo hay asistencia si el pase facilita una canasta, un tanto o un gol. También se puede emplear el verbo “asistir”.

. bajo palos. El portero de un equipo no se sitúa ‘bajo palos’ sino ‘entre los palos’. El artículo es imprescindible (no debe decirse ‘entre palos’).

. calificación. No debe usarse en las narraciones o crónicas sobre las pruebas de motor. En la jornada previa a la carrera se disputa la ‘clasificación’ que decide los primeros puestos en la salida del día siguiente. Los pilotos se sometarían a una ‘calificación’ si se les hiciera un examen con puntuaciones cualitativas a cargo de los profesores. En cambio, los gimnastas sí son ‘calificados’, y con arreglo a esa puntuación se ‘clasifican’.

. Campeonato del Mundo, Mundial, Copa del Mundo. En algunos deportes (como el esquí alpino o la vela) no son equiparables las expresiones ‘Mundial’ y ‘Campeonato del Mundo’, por un lado, y ‘Copa del Mundo’, por otro. En esos casos, la ‘Copa del Mundo’ es una competición anual que consta de diferentes pruebas en diferentes localidades, y cuya suma de posiciones o puntos determina el podio. No obstante, en otras modalidades, como el fútbol o el rugby, se utiliza de manera indistinta una u otra denominación. 

. clásico. Cualquier duelo deportivo de gran rivalidad histórica (por ejemplo, América de Cali-Millonarios de Bogotá). También se puede usar “superclásico” (Boca-River o Real Madrid-Barça). No es sinónimo de derbi.

. cuerpear. Verbo usado en las narraciones deportivas, generalmente cuando dos futbolistas forcejean por ocupar una posición o hacerse con el balón. Procede de Argentina y se extendió por otros países americanos, donde tradicionalmente ha equivalido a “esquivar”: mover rápidamente el cuerpo para evitar un contacto indeseado. No obstante, el Diccionario de americanismos (elaborado por las academias hispanas) recoge que en Argentina significa también “empujar a alguien con el hombro o el pecho”. Puede usarse sin problema en la Cadena SER tanto en sentido literal como figurado.

. derbi (plural, derbis). Esta palabra españolizada (del inglés Derby, y escrita durante muchos años con la grafía derby) tiene dos acepciones: una se refiere al enfrentamiento deportivo entre dos equipos de la misma ciudad, costumbre que nació en la localidad inglesa de Derby, donde tal encuentro de un primitivo fútbol se disputaba el martes de carnaval; y la otra se utiliza para las carreras en las que participan caballos de tres años y en las que todos los ejemplares corren con el mismo peso. En este segundo caso, la expresión procede del primer caballo que ganó una carrera de estas características, cuyo propietario era el VII lord de esa misma ciudad, lord Derby. En rigor, no debe emplearse la palabra ‘derbi’ para partidos entre equipos de ciudades diferentes. Véase clásico.

. descuento, tiempo de. Dígase ‘tiempo adicional’, ‘tiempo suplementario’, ‘tiempo de prolongación’, ‘tiempo extra’, ‘tiempo añadido’ o ‘alargue’ en las informaciones deportivas cuando se refieren a los minutos sumados al final del plazo reglamentado a fin de compensar las pérdidas de tiempo registradas durante el juego. Lo que ocurre en esos últimos minutos del encuentro se produce en el tiempo que se añade, no en el que se resta.

. dobles figuras. Falso amigo del inglés double figures, locución que se debe traducir bien como ‘dobles dígitos’. Cuando un baloncestista ha conseguido ‘dobles dígitos’, eso significa que logró unas cantidades de puntos, asistencias, rebotes, recuperaciones o tapones que en alguno de esos capítulos superan el número 9, y que, por tanto, se han de escribir con dos cifras. Así pues, son válidas también las alternativas ‘dos guarismos’, ‘dobles guarismos’ o ‘cifras dobles’. Eso no afecta a otras expresiones correctas, como “obtuvo un doble doble” (logró más de 9 en dos apartados), “firmó un triple doble” (lo hizo en tres) o “consiguió un cuádruple doble” (un registro superior a 9 en cuatro capítulos).

. dribbling (pronúnciese dríblin). No debe emplearse, como tampoco el verbo ‘driblar’. Úsense, según el país, ‘regate’ o ‘gambeta’, y ‘regatear’ o ‘gambetear’. En América Latina también se emplea la voz drible.

. drive (plural, drives). Se prefiere su traducción: en el tenis, por ‘un golpe natural’ o ‘golpe directo’; y en el golf, por ‘un golpe largo’. También en tenis por ‘derechazo’, salvo si el jugador es zurdo. ‘Gran zurdazo de Nadal’ (pero no ‘gran derechazo’ o ‘gran golpe de derecha’).

. entrenar. Es un verbo siempre transitivo o pronominal, nunca intransitivo. Es decir, no se puede usar sin complemento directo. En vez de ‘la selección entrenó en La Romareda’, debe decirse ‘la selección se entrenó en La Romareda’. Los deportistas no ‘entrenan’, sino que ‘se entrenan’; quien ‘entrena’ es el entrenador.

. envergadura. No es sinónimo de ‘estatura’ o ‘corpulencia’. Significa ‘distancia entre las puntas de las alas de las aves cuando aquéllas están completamente abiertas’, y, por extensión, la distancia entre los extremos de las alas de un avión o la medida de una persona tomada desde la punta del dedo corazón de una mano hasta el de la otra, con los brazos en cruz. También significa ‘importancia’.

. esprín. La Academia propuso en su Diccionario panhispánico de dudas esta adaptación del inglés sprint, pero luego incorporó al Diccionario oficial la grafía ‘esprint’. Su verbo derivado es ‘esprintar’; y el plural, ‘esprints’. De la misma forma, al corredor especialista en llegadas al esprint se le denomina ‘esprínter’. Puede usarse también el italianismo ‘volata’, sin olvidar términos españoles como ‘velocista’, ‘llegador’ o ‘llegada masiva’ y ‘aceleración’. Y por encima de todos, ‘embalaje’, que no tiene relación con el verbo castellano ‘embalar’ que se forma a partir de la preposición ‘en’ y el sustantivo ‘bala’ (que en este caso equivale a “fardo”): es decir, el verbo que significa ‘hacer balas y ordenar en ellas los objetos que han de transportarse a larga distancia’. Este ‘embalar’ relativo al ciclismo procede del francés ‘emballer’, y fue incorporado por la Real Academia Española al Diccionario en 1970. En Latinoamérica se usa ‘embalaje’ desde hace muchos años. Por ejemplo, El Tiempo, de Bogotá, contaba el 7 de enero de 1988: “La etapa se definió en un bonito embalaje”. Y El Universal, de Caracas, titulaba el 6 de abril de 1999: “El suizo Freuler dominó el embalaje masivo”.

. futbol / fútbol: esta palabra se pronuncia como llana (fútbol) en España y como aguda en gran parte de América. Ambas pronunciaciones y grafías son correctas.

. ganar de. No debe usarse nunca. En vez de “el Barça gana de diez puntos”, empléese “gana por diez puntos”.

. goal average. Tradúzcase por ‘promedio’, ‘diferencia’ o ‘cociente’ de goles, según cada caso. La Academia incluyó ‘golaveraje’ en su Diccionario panhispánico de dudas, pero no la incorporó al Diccionario oficial. Esa grafía que se puede usar en citas textuales y, en ese caso, debe explicarse.

. hándicap (pronúnciese con h aspirada, jándicap). Lejos de las carreras de caballos o el golf, su uso es innecesario para expresar situaciones desfavorables de un deportista o equipo respecto a otros; en español existen diferentes palabras para ello: ‘desventaja’, ‘obstáculo’ o ‘dificultad’. En el lenguaje hípico (referido al sobrepeso añadido a un caballo o jinete) puede sustituirse por compensación; en el golf, hándicap es la ventaja de golpes que se da a un jugador respecto al par del campo en función de su falta de destreza. Para ser profesional, no se tiene hándicap o se tiene “hándicap cero”. Se prohíbe la expresión ‘handicapado’ para referirse a una persona con alguna discapacidad.

. hooligan (pronúnciese con h aspirada, júligan). Palabra inglesa que significa gamberro y que, al ser despectiva, sólo ha de referirse a los hinchas británicos violentos, no a todos los aficionados de las islas Británicas. A fin de diferenciarlos, los mismos ingleses utilizan la palabra 'supporter' para cualquier tipo pacífico de ‘seguidor’ o ‘hincha’.

. maratón. Sustantivo masculino (‘el maratón’, no ‘la maratón’). Al especialista de esta distancia atlética (42.195 metros) se le llama en España ‘maratoniano’, y en algunos países de América es habitual la denominación “maratonista”. Por extensión del significado, ‘maratón’ también se aplica metafóricamente a toda competición de resistencia o actividad que sea duradera e intensa; y el adjetivo, a una reunión que se prolonga largo tiempo.

. medirse. Son incorrectas construcciones como “el Real Madrid se mide al Barcelona” o “Rajoy se mide hoy a la oposición”, muy usadas por los periodistas. Lo adecuado es construir esas oraciones con la preposición ‘con’: “…se mide con el Barcelona” y “…se mide con la oposición”.

. modalidad, especialidad. El mundo del deporte acoge un abanico de ‘modalidades’, normalmente organizadas en torno a federaciones (internacionales, nacionales, regionales o locales). Cada modalidad (natación, por ejemplo) se subdivide en una cantidad aún mayor de ‘especialidades’ (sincronizada, saltos…), que, a su vez, se concretan en diferentes ‘pruebas’ (individuales, dúos, por equipos, etc.). Como sinónimo de ‘especialidad’ se puede usar ‘disciplina’.

. Mundial, Mundiales. En los torneos o competiciones que abarcan todo el mundo se debe cuidar la diferencia entre el singular y el plural, conforme al número de títulos que se pongan en juego. Se usará el singular cuando se trate de un campeonato de deportes de equipo (el Mundial de fútbol en Brasil 2014), en los que solo hay un título en juego, y también en algunos deportes individuales donde solo haya un podio al que subirse o un trofeo que levantar (Mundial Match Play de golf). En los Campeonatos del Mundo con varias disciplinas y categorías, será preferible el plural (Mundiales de judo, Mundiales de Natación). Este mismo criterio será aplicable también para los Campeonatos de Europa (Europeo / Europeos) y de cada país (Nacional / Nacionales).

. olimpiada / olimpíada. Ambas formas son igualmente válidas. En sentido estricto, la olimpiada es el periodo de cuatro años que separa unos Juegos Olímpicos de otros.

. palo corto, palo largo. Los dos palos de las porterías de fútbol son iguales. Dígase ‘primer palo’ y ‘segundo palo’. También, ‘palo próximo’ y ‘palo lejano’.

. pírrico. Originalmente este adjetivo se aplicaba sólo a las victorias que se conseguían con más pérdidas para el vencedor que para el vencido; sin embargo, la Academia ha recogido otras dos acepciones: ‘Conseguido con mucho trabajo o por un margen muy pequeño’ y ‘de poco valor o insuficiente, especialmente en proporción al esfuerzo realizado’. Pero no equivale a ‘mínimo’ o ‘insignificante’. El término procede del nombre  Pirro, rey griego que en el siglo III antes de Jesucristo ganó a los romanos dos batallas con enormes pérdidas humanas que no compensó la victoria.

. pívot. También denominado ‘centro’ (del inglés center) en algunas zonas de Hispanoamérica, es el jugador de baloncesto que ocupa en la posición de cinco, esto es, el más alto y que suele jugar en ataque más cerca del tablero. Su plural es pívots. No hay que confundir esta palabra con pivote, que además de designar al jugador de referencia en ataque de un equipo de balonmano, se refiere a un lance del baloncesto que consiste en un girar el cuerpo moviendo un pie en una o varias direcciones mientras que el otro se mantiene en la misma posición (pivotar).

. réferi / referí.  Adaptación del inglés referee que se utiliza en el español rioplatense y en otras zonas de América como sinónimo de árbitro. Mientras que en Argentina la acentuación mayoritaria es aguda (referí), en otros países como México es esdrújula (réferi). En España debe usarse 'árbitro'; y se ha de cuidar el supuesto sinónimo ‘colegiado’, pues no en todos los países están organizados en un colegio.

. señalizar. Es ‘poner señales’. No debe confundirse con ‘señalar’. Por tanto, es incorrecto decir “el árbitro señalizó el penalti”.

. sparring. No debe emplearse si no se explica. Usado sobre todo en el mundo del boxeo, este término se refiere al ‘entrenador’, ‘adiestrador’, ‘contrincante previo’, ‘fingidor’, ‘adversario de prueba’ o ‘contrincante simulado’ de alguien que se está preparando para una prueba, un debate o un combate. La Academia ha incorporado la adaptación ‘esparrin’ y ‘espárrines’, que se puede usar para citas orales o textuales.

. supresión de artículos. No deben construirse oraciones mediante supresión de artículos como algunas que son habituales en los relatos deportivos: “Jordi Alba avanza por banda izquierda” o “Keylor estará bajo palos”. Son tan incorrectas como “ese mendigo camina por acera”, “tu primo duerme bajo puente” o “me duele muela” y “me gusta paella”.

. transfer. Permiso para que un jugador se desempeñe en otro país, una vez verificados los requisitos del fichaje. Deben usarse ‘pase internacional’ o ‘licencia’.

. vuelta rápida. En las competiciones de motor, casi todas lo son. Escríbase ‘vuelta más rápida’ o ‘mejor vuelta’, y no esa mala traducción de ‘fastest lap’.

jueves, 2 de noviembre de 2017

La SER publica su libro de estilo, una guía para hacer periodismo radiofónico que va más allá de la redacción

Comité de Redacción del libro de estilo de la SER.
Los libros de estilo no han  proliferado  de  igual forma en todos los medios; abundan en las agencias de noticias y diarios, pero apenas existen en el ámbito radiofónico. En la Biblioteca Nacional de Madrid figura una copia de una obra denominada Proyecto  de  Normas  de  Estilo de la Cadena SER, un librito de 64 páginas que data de 1988 y constituye, como su propio nombre indica, un trabajo inacabado, ya que nunca se procedió a su redacción definitiva en forma de libro de estilo.

Según explicaba Augusto Delkáder, entonces director de Informativos de la cadena y actualmente presidente de Prisa Radio,  este  proyecto  fue  el  resultado  de  varios  meses  de  recopilación  y sistematización de material por parte de una comisión de redactores creada ex profeso   (compuesta   por   Fernando   González,   Luis   Fernández   y   Ángel González) y de las sugerencias y aportaciones de otras personas vinculadas a la  SER.

A finales de 2007 el propio Delkáder anunciaba, en una reunión anual de emisoras de la entonces denoninada Unión Radio celebrada en Zahara de los Atunes (Cádiz), la puesta en marcha un nuevo proyecto de libro de estilo común para las emisoras del grupo en España y América. Al escuchar la noticia, me puse en contacto con él, quien, amablemente, me remitió a que hablase con Alejandro Nieto, entonces director de Contenidos de Unión Radio e inicialmente coordinador de la obra, luego director general de la Cadena SER. 

La conversación con Nieto, en enero de 2008, forma parte de mi tesis doctoral. Una de sus respuestas a mi entrevista decía así: "Queremos hacer una radio global, pero no buscando un contenido común. Porque la fuerza de la radio es lo local. Vemos la posibilidad de conectarnos con gente que  entre sí es muy diferente, pero que puede encontrar en la radio un punto de unión" defiende Nieto, quien señala como objetivo fundamental "hacer una radio polar, no única, pero con estrategias comunes que respeten el prestigio y la tradición informativa".

En 2011, tras la publicación de Libros de estilo y periodismo global en español, resultante de la tesis doctoral y después de anunciárselo a Alejandro Nieto en señal de agradecimiento por su colaboración, él mismo me llamó por teléfono diciéndome: "José Luis, quiero hacerte una proposición indecente, que nos ayudes a acabar el libro de estilo", una tarea que asumí a principios de 2012 tomando como punto de partida los trabajos preliminares desarrollados ya por los periodistas Josep Maria Martí y Lluís Rodríguez Pi. Así me subí a un tren en marcha, a un equipo de redacción al que posteriormente se sumó Álex Grijelmo para codificar el texto definitivo, que ha llegado con éxito a su destino.

Y después de todo este largo trayecto, la Cadena SER ha publicado En Antena. Libro de estilo del periodismo oral, su manual de estilo, pero por encima de todo una guía para hacer radio. Se trata de un texto que plasma las pautas necesarias para ejercer un periodismo riguroso, ético y de calidad, y que además sirve para unificar los principios, los procedimientos y las formas expresivas que definen la personalidad y la imagen de marca con las que la SER se presenta a diario ante la sociedad. Además, este libro, que nace con una finalidad netamente práctica; tiene como objeivo también orientar a todos aquellos profesionales de la radio y estudiantes de Periodismo sobre cómo deben comportarse ante el micrófono.

Como señala Álex Grijelmo en la presentación de la obra, "la Cadena SER ha decidido dotarse de un Libro de estilo para plasmar en él su contrato ético y profesional con los oyentes y los lectores; compromiso que se refuerza por la mera circunstancia de hacerlo público". A este respecto, Delkáder indica que el nuevo libro de estilo tiene la virtud de "identificar la práctica del periodismo a partir de un código, que no solo tiene reflejo gramatical o sintáctico, sino que se adentra en la deontología de la profesión, los rudimentos del oficio y la relación de intermediación del periodista con el medio y los lectores".

La obra se estructura en seis capítulos, un diccionario y varios anexos. Los capítulos son los siguientes:

1. Principios generales, que abarcan aspectos éticos y son aplicables a todas las emisoras de Prisa Radio enclavadas en España y América. 

1.2. "Todas las emisoras de Prisa Radio que desarrollen libros de estilo específicos incluirán en primer lugar estos principios generales, como elemento unificador de los comportamientos deontológicos y profesionales de sus periodistas; y podrán incorporar en los restantes capítulos las adaptaciones formales y actualizaciones que consideren pertinentes para su país, siempre que no contradigan el criterio esencial plasmado en esos principios. También podrán establecer las características propias que consideren oportunas, con arreglo a sus costumbres, a las de la propia empresa y, por supuesto, en consonancia con la variedad del español que usen".  

2. Normas generales de grabación, locución y emisión, sobre la pautas básicas del lenguaje radiofónico y los elementos que lo integran y sus funciones.

2.1. "El lenguaje radiofónico se configura con cuatro elementos: la palabra, la música, los efectos sonoros (artificiales o reales) y el silencio. Todos ellos se relacionan entre sí conforme a su ordenación en antena. La canción que se emite tras un mensaje verbal tiende a completarlo, calificarlo, explicarlo o ilustrarlo si entre ambos se da algún tipo de relación descodificable por el oyente. El sonido que sigue a cualquiera de los otros elementos puede producir ese mismo efecto. Una música fúnebre emitida después de comentarse determinado nombramiento será tomada como una forma de calificar lo dicho. El sonido de una botella que se descorcha produciría el efecto contrario. Ambos sonidos, por tanto, forman parte del mensaje emitido, aunque éste no se complete con palabras. Por tanto, las emisoras de Prisa Radio cuidarán de que la aparente yuxtaposición de elementos sonoros (palabra, música, efectos) no emita mensajes no controlados, o imprevistos, o falsamente chistosos".

3. Redacción y edición de noticias en internet, sobre la necesidad de manejar unos formatos y una narrativa adecuados para toda la actividad informativa que se recoge y actualiza a cada instante en cadenaser.com.

3.2.a. "El redactor que ha trabajado una noticia para la antena es el más adecuado para elaborar su contenido destinado a la web. Conoce las fuentes y cuenta con datos propios, así como con el texto y los documentos originales con los que haya trabajado".

4. El lenguaje, sobre la necesidad de usar un lenguaje de la manera más correcta y comprensiva posible. Este apartado incluye un minidiccionario con equivalencias de términos en España y América.

4.2. "El léxico del idioma español es más comprensible por un público panhispánico cuanto más se acerca a la norma culta; es decir, cuando se aleja de localismos, vulgarismos o jergas. Por tanto, los periodistas de Prisa Radio aspirarán a expresarse con elegancia en un registro alto de la lengua cuando entiendan que su mensaje excederá los límites de su ámbito local".

5. Los géneros radiofónicos.

5.1. "Los géneros periodísticos se dividen en función de la mayor o menor presencia del autor en cada uno de ellos. La mirada personal del informador debe tener un grado cero en la noticia (aunque desde el entendido de que es imposible la objetividad absoluta) y un grado diez en el texto de opinión. Entre uno y otro, y de menor a mayor presencia del yo periodista, se encuadran (en líneas generales) el reportaje, la entrevista, la crónica, el análisis y la crítica".

6. Formatos de programas.

6.1. "(...) Los programas de la Cadena Ser se dividen en las siguientes categorías: flash o urgente; avance informativo; boletines; noticiarios; informativos; retransmisión informativa; grandes coberturas; programas especiales; magacines y entretenimiento; programas de debate; mesa redonda; cara a cara; información especializada; monográfico, y espacios deportivos".

Junto con estos seis capítulos, En Antena se completa con un glosario de términos de uso dudoso y con una serie de apéndices que incluyen una guía de pronunciación de nombres extranjeros, unas directrices internas sobre el uso de redes sociales y también una serie de entrevistas mantenidas por Pedro Blanco, periodista de la Cadena SER, con algunos de los más destacados comunicadores de la emisora.

martes, 18 de abril de 2017

Nueva plataforma reúne los instrumentos de rendición de cuentas en el periodismo deportivo internacional


El periodismo deportivo ha venido mostrando en estos últimos años una serie de disfunciones éticas que lo han hecho merecedor de numerosas críticas por haberse alejado de manera clara de los estándares normativos de la profesión e incluso por desarrollar prácticas que no se corresponden con las funciones del periodismo
 
Estas prácticas tan cuestionadas tienen que ver, entre otros asuntos, con la disipación de la línea que separa la información de la opinión en los géneros periodísticos, la omnipresencia del rumor, el excesivo reduccionismo informativo en torno a unas cuantas modalidades deportivas, el sensacionalismo desmedido, el uso irresponsable del lenguaje, la no asunción de la misión de servicio público que se le presupone a todo medio de comunicación, las desigualdades en el tratamiento informativo en cuestiones de género, raza o discapacidad o el escaso número y diversidad de las fuentes empleadas.

Los instrumentos de rendición de cuentas pueden jugar un papel valioso para superar estas disfunciones. Así lo destacamos en el artículo 'Mapping Media Accountability Instruments in Sports Journalism' (Mapeo de los instrumentos de rendición de cuentas en el periodismo deportivo), publicado en el nuevo número monográfico sobre ética, investigación y comunicación de la revista académica El Profesional de la Información.
 
A partir de las conclusiones obtenidas en dicho artículo, hemos creado la plataforma "Accountable Sports Journalism" (http://accountablesportsjournalism.org), un espacio que tiene como principal objetivo recopilar y analizar los instrumentos de rendición de cuentas más relevantes de cuantos existen en línea para su aplicación en el ejercicio de un periodismo deportivo más responsable y de mayor calidad. Este sitio pretende dar a conocer y poner a disposición de periodistas, académicos y estudiantes todos los recursos que puedan contribuir a una mejor práctica y enseñanza de la profesión.
 
En la nueva plataforma, los usuarios pueden tener acceso, tanto en un desplegable como a través de un buscador y un menú por categorías, a códigos deontológicos de la profesión, libros de estilo y directrices de medios periodísticos de referencia, defensor de la audiencia, recomendaciones realizadas por agencias de noticias y medios de información general sobre temática deportiva, textos confeccionados por organismos deportivos internacionales, así como chats online y blogs académicos.

"Accountable Sports Journalism" es un espacio dinámico, abierto, flexible y abierto a la colaboración de los usuarios que desarrollará una labor de monitorización permanente de todos aquellos nuevos instrumentos de rendición de cuentas que puedan surgir en el campo de la información deportiva en el mundo con el fin de irlos incorporando y seguir ampliando y actualizando la herramienta.

Autores

Xavier Ramón Vegas
Profesor de Periodismo
Universitat Pompeu Fabra 

José Luis Rojas Torrijos
Profesor de Periodismo
Universidad de Sevilla

viernes, 31 de marzo de 2017

Las cinco grandes disfunciones éticas del periodismo deportivo, según Carlos Maciá-Barber

"El periodismo deportivo se ha caracterizado por una serie de deficiencias éticas que han soslayado los estándares normativos de la profesión. Los instrumentos de rendición de cuentas pueden jugar un papel valioso para superar estas disfunciones". Así lo destacamos en el artículo 'Mapping Media Accountability Instruments in Sports Journalism' (Mapeo de los instrumentos de rendición de cuentas en el periodismo deportivo), que acaba de ser publicado en el nuevo número monográfico sobre ética, investigación y comunicación de la revista académica El Profesional de la Información.

A propósito de este tema y aprovechando la reciente celebración del IV Congreso sobre Ética Periodística en la Universidad de Sevilla, hemos dialogado con Carlos Maciá-Barber, profesor titular de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid e investigador experto en deontología periodística, con el propósito de conocer su visión sobre el grado de desviación ética del que adolece el periodismo deportivo actual y sobre posibles recetas para corregir y mejorar el ejercicio profesional de forma que se encamine hacia una mayor calidad informativa.

Pero, ante todo, ¿de qué hablamos cuando lo hacemos sobre disfunciones éticas en este ámbito informativo? A Maciá-Barber son cinco las prácticas que le preocupan sobremanera, algunas ya clásicas, otras más actuales. Estas son:

1. "La constante mixtura de información y opinión (que no interpretación especializada como experto o cronista). Los juicios de valor, de intenciones, infundados... que se mezclan con hechos, sin más, no son más que una manipulación, sea por intereses personales, empresariales o publicitarios. Más grave aún cuando quienes incurren en la falta son periodistas-estrella, por el enorme impacto añadido. Para entendernos: cuando me narran un partido y se detecta que el comentarista huele a tal o cual club; es más, no se oculta o incluso se alardea de ello.

2. La espectacularización y la magnificación de lo superficial, más cuando existe violencia verbal y provocación (por ejemplo, los duelos Piqué-Ramos, para entendernos). Que el periodismo otorgue portadas a esta temática no ayuda en nada a la deportividad. Pero claro, eso vende... y una barbaridad.

3. El estímulo del enfrentamiento, la polémica, la acusación infundada... como criterio frecuente de lo noticioso y motor de atracción de la audiencia. El criterio de lo noticioso no puede ser este.

4. El nulo papel de la mujer, tanto en labores de responsabilidad en el diseño y en la elaboración del mensaje periodístico, como en el protagonismo de la información.

5. El imperio de los intereses particulares de la empresa informativa, por encima del interés general o el derecho a la información. ¿Es casualidad que las cadenas de televisión abrieran sistemáticamente los informativos deportivos con la F1 cuando poseían los derechos de emisión y dejaran de informar al respecto por completo tan pronto los perdían? Resulta un escándalo que propietarios y directivos consideren que los verdaderos clientes de las cadenas son los anunciantes, y que el producto que manufacturan y ofrecen sean las audiencias".

A pesar de su especificidad, el incumplimiento de ciertos estándares éticos en este tipo de periodismo no se aparta tanto del que suele producirse en el conjunto de la profesión. "En la teoría, el nivel de exigencia ética es idéntico. Y en la práctica, el incumplimento, frecuente, es similar". Sin embargo, tal como señala este profesor, la minusvaloración hacia todo lo que tenga que ver con deporte puede desembocar en cierta laxitud profesional y, por ende, desconsideración social a la hora de tomarse más en serio esta especialización: "El problema se agranda porque de modo tradicional se consideran los contenidos deportivos como una información suave, de menor trascendencia y donde casi todo se permite y perdona por su aparente intrascendencia. Grave error, porque todo mensaje posee consecuencias y el daño existe". 

En su opinión, cabe detenerse especialmente en el caso, "el más sangrante", del imperio de la publicidad de apuestas deportivas, que califica como "descontrolado": "Se entremezcla publicidad y narración deportiva; se banaliza el riesgo que supone jugarse la nónima o la paga; se impacta en la juventud sin reparar en el riesgo de la ludopatía. Es una plaga que se propaga con facilidad al asociarse a rostros de deportistas famosos. Y el dinero que mueven los anunciantes parece justificarlo. La Administración ha de arbitrar medidas. Es un contrasentido limitar la publicidad del tabaco y el alcohol en el deporte, pero mirar a otro lado con las apuestas, en las que las mafias se han introducido alterando incluso el discurrir de las competiciones".

Utilidad de instrumentos de rendición de cuentas

Muchos son los medios y colectivos profesionales los que a lo largo de los últimos años se han dotado de instrumentos de rendición de cuentas, como libros de estilo, códigos deontológicos, defensores de la audiencia o blogs y observatorios profesionales, todo ello con el objetivo primordial de buscar soluciones y enmendar posibles faltas éticas para corresponder de la mejor manera posible el ejercicio periodístico con la exigencia de calidad.

Pese a las buenos propósitos de estos instrumentos, Maciá-Barber prefiere mirar más allá y plantear el debate en términos de formación, educación y compromiso. "Pueden y deberían funcionar en la misma medida que para el resto de contenidos informativos. No cabe distinguir entre temáticas, salvo en el caso en que se incite al delito, claro. Cosa distinta es valorar la utilidad de los instrumentos en su conjunto, o por separado. Bienvenidos sean, aunque la clave está en la formación, tanto de los periodistas como de la ciudadanía. La educación y la cultura juegan un papel fundamental. Como ocurre en la propia valoración y práctica del deporte mismo".

Otro elemento clave son las culturas periodísticas, que difieren según los territorios y, como consecuencia de ello, permiten identificar un grado de desarrollo de instrumentos de rendición de cuentas muy dispar según hablemos de unos países u otros. ¿Hasta qué punto podrían ser aplicables o emulables en España iniciativas como los códigos deontológicos específicos para este ámbito informativo que existen en Estados Unidos (APSE) o en Alemania? "Todo puede estudiarse y adaptarse a la cultura periodística propia. Si un código específico ayuda a una mejora en el quehacer periodístico e incrementa la calidad del producto, tanto mejor. Pero han de funcionar las pautas generales, que deberían resultar suficientes por sí mismas. ¿Realmente han contribuido en esas naciones a solucionar problemas éticos y engrandecer al colectivo? Si existen pruebas que lo demuestren, entonces no hay que dudarlo".

Tampoco la figura del defensor, del lector o de la audiencia, aparece en esta área informativa, con la excepción de ESPN. De momento no se plantea la existencia de un defensor del lector en línea que pudiera ejercer como el mejor moderador posible de la conversación digital y social que ya establecen medios con sus audiencias. En opinión de Maciá-Barber, esta carencia hay que hacerla extensiva al periodismo en general, donde no se ha concebido adecuadamente en muchos casos. "El defensor como sistema de autorregulación no ha calado en el periodismo por varios motivos, pero el principal, me parece, es la endogamia, que mina la independencia y autonomía del profesional. Por mucha valía, capacidad y honestidad de la persona designada para ejercer el cargo, resulta harto complicado juzgar la labor del medio y de los colegas con los que se ha trabajado, o se seguirá trabajando en el futuro. Como se defendió en The Washington Post en sus orígenes, el defensor ha de ser alguien sin pasado ni futuro en la redacción, alguien ajeno por completo a la empresa. Y precisamente la mayoría de estatutos que regulan esta figura imponen justamente lo contrario. Mal se empieza".

También los mecanismos de rendición de cuentas más recientes e innovadores que han surgido en la red, tales como los blogs o los observatorios, velan por la transmisión de contenidos periodísticos de calidad en tiempos de ruido e infoxicación y constribuyen constantemente a reabrir la reflexión y la autocrítica sobre las fallas que se producen en el sistema informativo actual. "Las redes sociales se han convertido en un sistema que detecta con inmediatez todo tipo de errores y desmanes; además, suponen un altavoz potente para denunciarlos. En esa línea funcionan los blogs u observatorios, con la ventaja de analizar la realidad informativa del deporte desde una óptica especializada, y hasta científica. Su labor no cae en saco roto y contribuyen a la mejora de la práctica periodística. Todo sin olvidar que no solo los periodistas son responsables únicos del proceso: los deportistas deberían mostrar ejemplaridad. La mayoría son un referente, pero no falta quien desmerece por su comportamiento. Y el periodismo debe combatirlo sin tapujos".