lunes, 26 de noviembre de 2012

Jesús Castañón: “La mayor virtud del lenguaje deportivo reside en ser un ámbito de participación sin exclusiones”


Hablar de Jesús Castañón es hacerlo del principal investigador y escritor especializado en el lenguaje del deporte dentro del ámbito de la lengua española. Profesor y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Valladolid, ha sido colaborador externo de la Real Academia Española en la revisión de términos deportivos de varios de sus diccionarios.

Editor de la página idiomaydeporte.com, es autor de 15 monografías sobre lengua y literatura del deporte, entre las que sobresalen El lenguaje periodístico del fútbol (1993), Tendencias actuales del idioma del deporte (2002), Diccionario terminológico del deporte (2004), Términos deportivos en el habla cotidiana (2005) o Términos deportivos de origen extranjero (2010).

Periodismodeportivodecalidad ha intercambiado con él impresiones sobre los usos, mejores y peores, del lenguaje deportivo en los medios de comunicación, sobre su relevancia como campo neológico y creativo, así como sobre la relevancia creciente de los estudios de Periodismo Deportivo en la oferta de posgrados y maestrías de las universidades españolas.

- ¿Por qué el lenguaje del deporte y el periodismo deportivo en general se ha convertido en un campo para la investigación que en las dos últimas décadas ha despertado tanto interés entre filólogos y lingüistas?
- Porque el deporte se ha transformado en una necesidad social que comprende aspectos de salud y calidad de vida, transmisión de valores sociales y culturales, empleo y mejora de los procesos de aprendizaje. Sus formas de expresión no son sólo para su contemplación y práctica, también se aplican en ámbitos tan diversos como información, investigación científica, documentación, educación, salud, turismo, mundo empresarial y recurso de redacción periodística a la hora de clasificar experiencias en otras áreas informativas.

- El lenguaje deportivo está considerado casi como un laboratorio neológico que, gracias a los medios de comunicación, propaga nuevas palabras y usos que hacen que el idioma crezca. ¿Es quizá esta capacidad para crear su principal virtud?
- Su mayor virtud reside en ser un ámbito de participación sin exclusiones. Es una fiesta social que permite llevar las expresiones desde el recinto deportivo hasta las calles y avenidas en un juego artístico de emoción social. Su vivencia hace posible la presencia desde las formas más básicas a los niveles complejos de plena creación.

- Precisamente, en el Seminario Internacional de Lengua y Periodismo celebrado este año en San Millán de la Cogolla se concluyó, entre otras más cosas, que los periodistas deportivos aportan al idioma más de lo que destruyen. ¿Qué aportaciones destacaría? ¿metáforas, juegos de palabras, cruces léxicos...?
- En el VII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo: “El español en el periodismo deportivo” se destacaron numerosas aportaciones. Los mecanismos de innovación gramatical y léxica, la diversidad de las expresiones del lenguaje deportivo en América, la formación de neologismos cuando no existen voces en español, el humor y el derecho a la sorpresa en el uso de lenguajes figurados y su capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías son algunos de los más llamativos.

- No obstante, la percepción mayoritaria en la calle sigue siendo que este tipo de periodismo provoca expresiones erróneas. 
- Es frecuente la crítica al abuso de frases hechas, tópicos, términos comodines,  expresiones vacías y estereotipos. Esta visión pesimista del uso público del idioma cuenta con una larga tradición en la que han participado humoristas, lingüistas, periodistas y sociólogos. A pesar de registrarse numerosos ejemplos de incorrecciones en el lenguaje periodístico del deporte, ha servido como ámbito de aprendizaje para las modalidades de redacción especial en las escuelas de periodismo y como un observatorio de las tendencias más actuales del idioma para las instituciones lingüísticas.

- ¿A qué sería achacable esa supuesta permisividad del periodista deportivo, a la libertad creativa o a la relajación o la falta de un mayor conocimiento del idioma por parte de los periodistas?
- La labor del periodista es guiar las emociones de la audiencia y en su relato usar el idioma como mejor sepa o pueda, incluso en aquellas ocasiones en que se encuentra  con términos extranjeros o en las que, ni siquiera, existe término para designar una realidad. En ocasiones los fallos vienen dados por el ritmo de la competición, su alto grado de imprevisión en el desarrollo de los acontecimientos, las modas de lenguaje… No obstante, históricamente la labor idiomática de los periodistas deportivos ha sido muy favorable y ha aportado puntos de vista sobre animación publicitaria, creatividad de sonidos e imágenes, cultura, confección de diccionarios y enciclopedias, generación de formación especializada, elaboración de trabajos de investigación universitaria, edición de libros de estilo y una constante reflexión en cursos de verano y congresos.

- Ya que usted lo ha mencionado, uno de los objetos de discusión permanentes en el lenguaje deportivo es el uso o abuso de extranjerismos. ¿Hasta qué punto está justificada este debate? 
- La presencia de extranjerismos en una actividad importada es normal, al igual que ocurrió con la automoción o la informática. No presenta dificultades en el número de extranjerismos que recoge, sino en el previo conocimiento de sus grados de difusión y afianzamiento, causas y vías de penetración. Cuando un extranjerismo es necesario por no existir término en español, está justificado su uso. La dificultad del mundo del deporte reside en que la procedencia de términos extranjeros afecta a 39 lenguas diferentes y lo hace de forma constante a lo largo de los siglos.

- Hay que perder, por tanto, el miedo a emplear voces extranjeras cuando sean precisas y no haya equivalencias en castellano.
- Lo normal es emplear la voz extranjera y, con el paso del tiempo, federaciones, deportistas, aficionados y la labor de los medios en su divulgación a la sociedad buscan formas para adaptar el término en español. Así ha pasado con el olimpismo y con deportes tan variados como el automovilismo de la fórmula 1, el béisbol, el boxeo, el fútbol y el tenis.

- La importancia creciente del periodismo deportivo, como la tipología informativa de mayor impacto social, no solo se ve reflejada en el creciente número de estudios y publicaciones que versan sobre este ámbito, sino también en la oferta, cada vez más amplia, de másteres y cursos de posgrado relacionados que las universidades celebran cada año. Muy significativo, ¿no?
- La historia del periodismo deportivo ha evolucionado desde la promoción de la práctica deportiva hasta los actuales tiempos de gran influencia social. Es un tiempo que presenta retos relacionados con una renovación ética, una formación especializada para el periodista y las relaciones con la universidad y el mercado publicitario. Es lógico que el mundo académico favorezca esta reflexión sobre estudios sociales y científicos del deporte también en la comunicación. Esta tendencia de los cursos de posgrado y las maestrías especializadas en comunicación deportiva tiene arraigo en América y Europa y su implantación en España va avanzando poco a poco. Complementa la relación de la Universidad con los Centros de Estudios Olímpicos en todo el mundo o trabajos internacionales como los realizados por The Innsbruck Football Research Group.

- En este sentido, ¿qué papel está llamado a desempeñar la formación universitaria para los futuros profesionales del periodismo deportivo?
- Probablemente, abordará cuestiones muy variadas: los nuevos productos tecnológicos, la labor social del deportista en su comunidad, las relaciones con el comercio, la publicidad y el turismo, la incorporación de la mujer, la extensión de la alta competición a la edad adolescente, la relación entre historia cultural y medios de comunicación por su influencia en los comportamientos individuales y colectivos, la transformación y crecimiento del deporte gracias a las ciencias del deporte aplicadas a la carrera deportiva y su gestión, la exaltación de nuevas actitudes para la salud, el legado, la ética y las formas de expresión tanto de la práctica como de la vivencia del deporte…


lunes, 19 de noviembre de 2012

Llevar las estadísticas al periodismo deportivo es también otra forma de contar historias

Las estadísticas son consustanciales a la propia evolución del deporte y, con él, a la del periodismo deportivo. De hecho, muy pocas crónicas están desprovistas de ese conjunto de datos que resumen el partido, y que aparecen o bien en la ficha técnica de una crónica o bien insertados a lo largo del texto. Su manejo resulta esencial para poder construir una información completa y ajustada a la realidad. Llevar la estadísticas al periodismo es también otra forma de contar historias.

Como señala el periodista deportivo y profesor puertorriqueño Omar Marrero, la estadística se ha integrado en el deporte porque es la manera de explicar o expresar los diferentes aspectos de una competición o de un partido por medio de números. Dichos números buscan ofrecer al aficionado una visión lo más clara posible de lo ocurrido y de la participación de cada jugador o deportista. Al mismo tiempo, sirve a los propios técnicos y entrenadores porque es una forma de saber quién ha jugado mejor y en qué facetas del juego debe mejorar el equipo o el deportista con vistas a futuros compromisos.

Las estadísticas pueden hacer referencia exclusiva a un partido o pueden ser acumulativas de toda una temporada o de toda una vida deportiva (series históricas de enfrentamientos entre equipos o el palmarés de una competición). Pueden, por tanto, explicar un aspecto específico de un partido (rebotes y promedios de tiro en baloncesto, errores no forzados en tenis o porcentajes de posesión del balón en fútbol) o el mismo aspecto referido a un periodo de tiempo más amplio (al acumulado de la temporada, por ejemplo).

Hasta tal punto la estadística ha cobrado relevancia en el periodismo deportivo que en algunas modalidades resulta muy complicado escribir una buena crónica sin contar los datos y récords que se hayan producido. Como señala David Fernández, “la estadística ayuda a comprender la importancia de lo conseguido desde el punto de vista histórico y a entender por qué es tan complicado conseguir éxitos o estar a punto de lograrlos”.

Cuando se manejan estadísticas es preciso tener en cuenta que su objetivo es aclarar conceptos y explicar y relacionar resultados. Por ello, más que mostrar un cúmulo de datos, se trata de seleccionar aquellos que sean más relevantes (desechando los anecdóticos e insignificantes) y los aporten más a la crónica, porque sean los más adecuados para el objetivo de nuestra información.

Ciertamente, hay deportes donde las estadísticas son más abrumadoras (casos del baloncesto o del béisbol) y otros donde pueden resultar hasta cierto punto prescindibles. A este respecto, el periodista argentino Raúl Fain Binda afirma que “la inmensa mayoría, en particular de medios estadounidenses, son aritmética en prosa: todos los párrafos giran alrededor de un dato estadístico, de un número o una serie de números”.

También en el fútbol, el deporte que ocupa un mayor espacio mediático, la estadística ha ganado su peso en los últimos años. Las crónicas, previas y análisis pospartido se basan en gran medida también en la exposición de datos. Así, durante un encuentro se habla de porcentajes de posesión del balón, tiros a puerta, córners lanzados, número de pases, pérdidas de balón, llegadas al área rival, etc.; y en una previa o en una resaca se utilizan las series históricas o los datos biográficos para comparar y extraer claves.

Un error habitual que se produce en este sentido es pretender explicar que lo que ha pasado durante un encuentro deportivo es consecuencia exclusiva de antecedentes estadísticos. De la misma manera, es una equivocación hacer cálculos de probabilidades en la previa de una competición a partir solo de los enfrentamientos precedentes entre dos contendientes en lugar de combinar los datos para llegar a otro tipo de conclusiones.

Utilizar bien las estadísticas en una crónica deportiva pasa ineludiblemente por explicar y contextualizar bien los datos, por contar todo aquello que sea relevante y que haga aún más comprensibles la información. Así, muchos de los datos que se ofrezcan no tendrán mucho sentido si con ellos no se habla también del tipo de superficie en un partido de tenis (absolutamente determinante, como se ha visto en la pasada final de la copa Davis), del trazado de un circuito en Fórmula Uno, de la incidencia meteorológica en competiciones al aire libre como el atletismo en pista (el viento es determinante para la validez de determinadas marcas en pruebas de velocidad) o del desnivel a lo largo de un recorrido, como en una etapa ciclista o en un maratón. Son factores que contextualizan, definen la dificultad y relativizan los resultados conseguidos.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Reiteraciones innecesarias en el lenguaje deportivo

Todo texto periodístico se ha de articular con la pretensión de hacer que el mensaje resulte de lo más comprensible para el receptor. A partir de esta premisa y del objetivo de fijar cuáles son las ideas fundamentales de la información, los medios de comunicación en ocasiones incurren en reiteraciones, expresiones redundantes o palabras y enunciados más o menos manidos; usos lingüísticos que, en su afán de aportar expresividad al texto, lo desproveen de amplitud léxica, lo hacen más previsible y, por tanto, menos original y menos informativo.

En el caso particular del periodismo deportivo, las expresiones tópicas no son más que el resultado de la propia evolución de su lenguaje. Lo que nació hace tiempo como un hallazgo, e inicialmente pudo llegar a ser ingenioso, a fuerza de repetirse de pronto se gasta, deja de sorprender y se convierte en un cliché o lugar común, cuyo uso pasa a ser desaconsejable. Así ha ocurrido con multitud de frases gastadas que pueblan crónicas y noticias para expresar situaciones o estados de ánimo de deportistas, tales como gol psicológico, balón de oxígeno, grupo de la muerte, partido de guante blanco, estar en el dique seco, etc.

En otras ocasiones, las reiteraciones se producen cuando se construyen expresiones formadas por sustantivos que suelen aparecer siempre o casi siempre de la misma manera, esto es, asociados a un mismo adjetivo, de forma que se crean frases absolutamente predecibles. Cuando se dice o se escribe el término correctivo, es porque suele ir precedido del adjetivo duro (duro correctivo); cuando se habla del adjetivo férreo, es porque suele ir calificando al sustantivo marcaje (marcaje férreo); o casi siempre que señalamos que a un jugador se le pone un vendaje caemos en la cuenta de que es aparatoso (vendaje aparatoso).

También la fuerza expresiva del lenguaje del deporte, siempre expuesto a las pasiones de los protagonistas y los aficionados a los que ha de dar cumplida respuesta, conduce a la utilización habitual de pleonasmos, en la mayoría de los casos, prescindibles porque repiten ideas ya expresadas. Si bien en la narración radiofónica, debido a la naturaleza de este medio, la redundancia se utiliza como un recurso expresivo válido para compensar la fugacidad del mensaje sonoro, en el texto escrito, que no es fugaz y se puede releer tantas veces como queramos, no cumple ninguna función informativa.

Entre las expresiones redundantes que más se utilizan (son comunes no solo en el periodismo deportivo), se encuentran algunas como: hacer un precalentamiento (un prefijo sobrante), el equipo es más líder (aunque amplíe su diferencia respecto al segundo, sigue ocupando la misma posición), ha logrado un nuevo récord (una plusmarca, si se consigue, supera a la conseguida anteriormente), al club se le impone una multa económica (en este tipo de sanciones siempre se paga), el estadio está completamente abarrotado (ese adjetivo no necesita adverbios amplificadores), el jugador evoluciona (o se recupera) favorablemente de la lesión (si fuera desfavorable sería una involución), vuelve a insistir en ataque (la insistencia es reiteración) o descuido involuntario del defensa o el portero (si fuera voluntario hablaríamos de algo más que un descuido).

Por tanto, la redundancia en el periodismo escrito no es más que repetir de forma distinta lo que ya se ha dicho, quizá con la idea de clarificar ideas y de remarcarlas retóricamente, pero sin añadir nada nuevo al sentido de la oración. El uso de muchos de estos pleonasmos es gratuito y se reproduce sin más, quizá a veces sin tener en cuenta el verdadero valor y significado de las palabras. Habrá que detenerse pues en ello para discernir entre pleonasmos superfluos y aquellos otros que cobran validez al utilizarse intencionadamente con fines expresivos.