martes, 2 de marzo de 2010

El Defensor de Lector, una figura residual en el periodismo hispanoamericano


La creación del Defensor del Lector, del Oyente y del Telespectador, figura que nace en Japón hace casi noventa años, responde al compromiso de los medios de comunicación de cumplir con sus funciones de formar e informar con veracidad al público y de mantener con él una relación permanente de transparencia y equidad.

La función prioritaria del 'Ombudsman' consiste en proteger los intereses de los ciudadanos, atender sus dudas, quejas y sugerencias, y representarlos en la redacción del periódico. Su funcionamiento suele quedar regulado en un Estatuto, texto que complementa y completa las normas y pautas generales contenidas en los libros de estilo.

Este mediador entre el medio y la ciudadania suele ser un profesional de reconocido prestigio o alguien que ha ocupado con anterioridad cargos de responsabilidad dentro de la propia redacción. Así lo fueron en su momento, Josep Maria Casasús en La Vanguardia o José Miguel Larraya en El País.

Pese a su importancia, en España actualmente solo cuentan con esta institución cinco diarios: El País (desde 1985), La Vanguardia (1993), La Voz de Galicia (2001), El Correo Gallego (2004) y El Punt (1995), diario en lengua catalana con sede en Girona.

Esta figura se encuentra aún menos desarrollada en el ámbito audiovisual, solo existente en RTVA (Canal Sur Radio y Canal Sur Televisión) desde 1995, RTVE (Televisión Española y Radio Nacional de España)desde 2006 y, más recientemente, desde 2009, la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (TV3 y Catalunya Radio).

Entre los medios de comunicación hispanoamericanos, cuentan con Defensor del Lector El Tiempo (Colombia), El Nacional (Venezuela), Perfil (Argentina), El Deber (Bolivia), El Colombiano (Colombia), Hoy (Ecuador), El Nuevo Día (Puerto Rico) y La Prensa (Panamá). Al igual que ocurre en España, los medios televisivos y radiofónicos apenas disponen de esta figura. Entre las excepciones más notorias, sobresalen los Defensores del Telespectador de Caracol TV, RCN TV y Teleantioquia TV, todos ellos medios colombianos.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Información y promoción de la salud a través del deporte


El periodismo deportivo se ocupa de una parcela de la actualidad que es muy demandada por los ciudadanos. Así, el seguimiento que realizan tanto medios especializados como generalistas a los futbolistas de los equipos más conocidos, que son los que acaparan la mayor parte de las portadas y secciones, es cada día más extenso, tanto que incluso rebasa en ocasiones la frontera de lo estrictamente deportivo y se adentra en terrenos pantanosos cercanos a la prensa rosa. Todo por dar cuanto más mejor y satisfacer la necesidad de información sobre los ídolos de la pelota.

En ese seguimiento diario, cada vez adquieren mayor relevancia aspectos relacionados con la salud del deportista. Los partes médicos tan habituales cuando se produce una lesión de un jugador exigen al periodista deportivo competencia suficiente como para comprender y trasladar al lector conceptos y expresiones científicas que a veces se encuentran alejadas del acervo léxico común.

Por ello y por la importancia que reviste este tipo de periodismo para fomentar los valores positivos del deporte y los beneficios saludables de la práctica deportiva entre la población, cobra mayor interés la obra Terminología básica de la actividad física y el deporte, recientemente presentada por el Instituto Tomás Pascual Sanz para la Nutrición y la Salud junto a la Unión de Consumidores de España.

Se trata de un instrumento orientado a la información, educación y promoción de una alimentación sana, y a la realización de un correcto ejercicio físico, con el fin de mejorar la calidad de vida. En este minidiccionario de apenas 50 páginas, los profesionales de la información deportiva, entre otros, encontrarán una útil herramienta para resolver las dudas que pueda originar cualquier noticia sobre sustancias dopantes o lesiones complejas.

martes, 2 de febrero de 2010

Tomás Eloy Martínez y su legado


El periodista y escritor argentino Tomás Eloy Martínez falleció el pasado 31 de enero dejando tras de sí un inmenso legado en sus dos facetas. Conocido sobre todo como articulista de La Nación y colaborador de otros diarios como El País o New York Times, fue maestro de periodistas. A lo largo de su dilatada trayectoria profesional desde sus comienzos como crítico de cine en La Nación a finales de la década de los cincuenta, recaló en decenas de medios de comunicación de América Latina.

La dictadura militar en su país le obligó a exiliarse a Venezuela en 1975. Allí, después de trabajar en El Nacional primero como editor del suplemento literario y luego como adjunto a la dirección, fue fundador del Diario de Caracas, un rotativo que, inspirado en el modelo del diario español El País, apostó decididamente por la incesante búsqueda de la corrección en el uso del lenguaje y por dotar a las páginas de frescura y atractivo visual a través de la diagramación y el uso del color.

Una de sus grandes aportaciones a la historia del periodismo latinoamericano, en su calidad de director de Redacción del Diario de Caracas, fue la confección junto a su compatriota Rodolfo Terragno del Libro de Estilo, Usos y Modos, uno de los primeros libros de estilo de Hispanoamérica que sentó las bases para los trabajos ulteriores desarrollados por otros medios venezolanos y del resto de países del subcontinente.

En ese manual pionero, que sirvió para unificar criterios de redacción y homogeneizar el producto, quedó reflejada una nueva forma de hacer periodismo, basada en la confección de noticias de manera directa y en la interpretación de los hechos, incluyendo los antecedentes para garantizar la profundidad en el tratamiento y, al mismo tiempo, una mejor y más completa comprensión por parte del lector.

Asimismo, postuló un periodismo de calidad, creativo y comprometido con la sociedad. En uno de sus célebres pasajes, Tomás Eloy Martínez y Rodolfo Terragno advierten: "Hay que evitar el dogma, pero no la disciplina. A menudo la flexibilidad -palabra que no goza de prestigio- es esgrimida para disimular la ineficacia o la negligencia. El rigor -vocablo de connotaciones ingratas- es acusado de herir la imaginación y ofender el talento. El periodismo, sin embargo, exige la sociedad de la imaginación, del talento y de ese rigor de mala fama, sin el cual la creatividad se desencuaderna y acaba por perderse".