jueves, 2 de septiembre de 2010

Los peligros de internet como fuente periodística

El papel del periodista consiste en seleccionar y buscar la información, en interpretarla y verificarla antes de la redacción. Sin embargo, ocurre a menudo que, debido al cúmulo de trabajo o la falta de tiempo, se pulse un número reducido de fuentes por información publicada.

Cuanto mayor sea la cantidad, la calidad y la diversidad de las fuentes que se utilicen, mayor será la posibilidad de contar de forma creíble lo que más les interesa a los lectores y, por tanto, mayor será el estatus profesional del periodista y el prestigio del medio de comunicación. Cuantas más fuentes, más puntos de vista, más precisión en la información y más cerca está el ciudadano de la verdad.

En los últimos años internet se ha convertido en la gran fuente de conocimiento actual, al ser de fácil acceso y barata. No obstante, su uso como fuente periodística exige ciertas reservas, porque las informaciones que por ella circulan pueden ser proporcionados por cualquier ciudadano amparado incluso en el anonimato, proliferan libremente, se superponen y se distribuyen sin el control ni el contraste de fuentes necesario para garantizar el cumplimiento del derecho público a recibir una información veraz.

Todo esto hace que esta información sea menos fiable, incluso que a veces no sirva, y exige un mayor control de validación y verificación por parte de los periodistas.

Sobre esta cuestión tan actual ya reflexionaron los profesores norteamericanos Bill Kovach (presidente de The Committee of Concerned Journalists) y Tom Rosenstiel (director de The Project for Excellence in Journalism) en su obra Los elementos del periodismo (Madrid,2003, Ediciones El País).

Ambos advierten de los peligros de la red como fuente y de su incidencia negativa en el comportamiento del periodismo actual:

“A medida que los periodistas pasan más y más tiempo tratando de sintetizar la cada vez mayor afluencia de datos que facilitan los nuevos portales de información, existe el riesgo de que lleguen a desempeñar un papel más pasivo, de que lleguen a ser más receptores que recopiladores”.

Y añaden:

“Es posible que mejorar la disciplina de la verificación sea el paso más importante que los periodistas puedan dar para mejorar la calidad de la información y el debate público. A fin de cuentas, esa disciplina es lo que distingue al periodismo de otras actividades y crea un motivo económico que sigue existiendo. Una disciplina de verificación más consciente es el mejor antídoto para que el viejo periodismo de verificación no se deje atropellar por el nuevo periodismo de la aserción y proporcione a los ciudadanos una base para confiar en la actividad periodística”.

jueves, 19 de agosto de 2010

Dana´s eight rules (las ocho reglas de Charles Anderson Dana)

Charles Anderson Dana (1819-1897) fue uno de los más insignes representantes del periodismo político que proliferó en Estados Unidos a mediados del siglo XIX y uno de los precursores del -décadas más tarde- denominado 'nuevo periodismo americano'.

Sus innovadoras ideas sobre la aún incipiente profesión periodística las plasmó en sus años como director del diario neoyorquino The Sun (desde 1868 hasta su fallecimiento), una cabecera que marcó un estilo por la forma novelada de contar noticias y reportajes, y mostró la senda a otros escritores y cronistas posteriores como el cubano José Martí.

Por su interés, reproducimos aquí las conocidas como Dana's eight rules toda una declaración de intenciones sobre su forma de dirigir un periódico y que aún hoy cobra un especial signficado.

El texto forma parte de una conferencia que impartió el 24 de julio de 1888 ante la Wisconsin Editorial Association en Milkauwee y que aparece recogida en el libro The Art of Newspaper Making, publicado en 1895.

Dice así:



1. Get the news, all the news, and nothing but the news.
2. Copy nothing from another publication without giving perfect credit.
3. Never print an interview without the knowledge and consent of the party interviewed.
4. Never print a paid advertisement as news matter. Let every advertisement appear as an advertisement; no sailing under false colors.
5. Never attack the weak and defenseless, either by argument, by invective, or by ridicule, unless there is some absolute public necessity for so doing.
6. Fight for your opinions, but do not believe that they contain the whole truth or the only truth.
7. Support your party, if you have one; but do not think that all the good men are in it or all the bad ones outside.
8. Above all, believe that humanity is advancing, that there is progress in human affairs, and that as sure as God lives the future will be better than the past or present.

[1. Busque noticias, todas las noticias y solo las noticias.
2. No reproduzca nada de lo publicado por otro sin citar su exacta procedencia.
3. No publique nunca una entrevista sin el conocimiento y el consentimiento de la parte entrevistada.
4. No presente nunca la publicidad como si fuera información. Procure que cada anuncio aparezca como tal y no disfrazado de algo que no es.
5. No critique nunca a los más débiles e indefensos mediante discusiones, ofensas o burlas, a menos que haya una absoluta necesidad pública de hacerlo.
6. Defienda sus ideas pero no crea que posee toda la verdad y nada más que la verdad.
7. Apoye a su partido si tuviera alguno, pero no piense que todos los hombres buenos pertenecen a él y que todos los malos están fuera del mismo.
8. Sobre todo, crea en los avances de la humanidad, en el progreso del hombre, y que el futuro será, tan seguro como que Dios existe, mejor que el pasado y el presente.]

miércoles, 4 de agosto de 2010

Propuestas periodísticas para evitar conductas violentas en el deporte

La comunicación deportiva es un fenómeno singular que se ha desarrollado de forma extraordinaria en los últimos años forjando un lenguaje propio y diferenciado hasta convertirse actualmente en el producto periodístico de mayor éxito.

Dada la gran repercusión social de sus informaciones, el periodista deportivo contrae una gran responsabilidad a la hora de emitir una serie de mensajes a partir de unas pautas lingüísticas y éticas que condicionan en gran medida los modelos de expresión y conducta de los ciudadanos, especialmente de los más jóvenes, quienes son los que con más pasión consumen este tipo de información y, por tanto, los más influenciables.

Esta responsabilidad social del informador es aún mayor cuando determinados usos lingüísticos y formas visuales de los medios pueden suponer una incitación a que se produzcan comportamientos violentos a raíz de un acontecimiento deportivo.

Por este motivo, incluimos una serie de propuestas con las que evitar a través de la información periodística que se vierte al público posibles conductas negativas:

1. No abusar de las técnicas sensacionalistas especialmente cuando alteren criterios objetivos de selección y valoración de la información, dentro y fuera del texto; y den cabida y relevancia a aspectos que a simple vista resultarían anecdóticos o secundarios en cualquier otro medio.

2. Tener precaución al incorporar hipérboles, redundancias o metáforas que al mismo tiempo reproduzcan –y, por tanto, amplifiquen- la violencia verbal de los protagonistas, lo que puede contribuir peligrosamente a caldear el ambiente previo a la celebración de un partido o torneo importante.

3. Utilizar un lenguaje común y accesible, pero no vulgar. La tendencia hacia lo popular en ocasiones degenera en la utilización de expresiones malsonantes, indecorosas e incluso ofensivas e incitadoras de violencia para el público receptor.

4. Evitar en la medida de lo posible, y aunque sea en clave metafórica, la terminología militar-belicista de las crónicas deportivas

5. Deslindar claramente la información de la opinión, no solo para no confundir al público sino también para evitar que el lenguaje resultante tenga una mayor carga emocional y subjetiva, y solo sirva para levantar la pasión de la hinchada con mensajes directos e impactantes que a veces adquieren ciertos tintes de agresividad.

6. Sobre todo, fomentar los valores positivos inherentes a la práctica deportiva, como el afán de superación, la cultura del esfuerzo, la solidaridad, el compañerismo, la igualdad o el juego limpio; es decir, todos aquellos valores que son pilares básicos de la convivencia y la paz social.

Esta es la mejor manera de que el periodismo deportivo gane en rigor, calidad y, por tanto, credibilidad entre sus receptores habituales y otros potenciales, y se convierta en un actor social que forme culturalmente y marque tendencias positivas en el decir y hacer de los ciudadanos.