miércoles, 22 de septiembre de 2010

Los elementos constitutivos de la noticia, según F. Fraser Bond


Basta echar un rápido vistazo a los titulares del quiosco cada mañana para concluir que los criterios para seleccionar y ordenar las noticias difieren notablemente entre los que emplean unos y otros medios de comunicación con el fin de atraer la mirada y el interés del público.

Así, vemos cómo de manera habitual la información que se vierte a la ciudadanía no siempre se muestra a partir de criterios estrictamente noticiosos sino más bien de otra índole, llamémosla mercantilista, en la que prima la anécdota sobre el resultado o el rumor sensacional sobre la confirmación de un suceso.

De esta forma, alcanzan grandes titulares noticias que a veces no son tales, mientras quedan relegados a un segundo plano, o descartados directamente incluso, determinados acontecimientos que merecen una mejor consideración y una mayor valoración desde el punto de vista periodístico.

Por todo ello, parece oportuno retomar ese eterno debate, tan antiguo como la profesión misma, en torno a lo que debe considerarse como noticia (“es todo lo que interesa a gran parte de la comunidad y de lo que nunca se le había llamado la atención” decía Charles Anderson Dana) y cuáles han de ser los elementos informativos sobre los que se construye.

Tal como recuerda el que fuera profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York F. Fraser Bond en su obra Introducción al periodismo (Buenos Aires, Ágora, 1959), los elementos que dan valor informativo a un hecho y lo convierten en noticioso son:

- Todo lo concerniente a una persona notoria o que haya adquirido notoriedad pública.
- Lo inusitado. Todo lo que es imposible y que, sin embargo, sucede, es noticia.
- Todo lo que concierne vitalmente al gobierno del país o de la ciudad.
- Todo lo que afecte directa o indirectamente al bolsillo (por este motivo las crónicas sobre presupuestos municipales se publican con tanto detalle).
- Toda injusticia. Todo cuanto indigne al lector es noticia.
- Catástrofe. Todo lo que signifique grandes pérdidas de vidas o bienes. Los accidentes varían como noticia según la distancia.
- Todo lo que tenga proyecciones para todos, como un paro del transporte.
- Toda crónica que emocione al lector, que lo disguste o lo complazca.
- Todo acontecimiento que interese mucho a un gran número de personas.
- Todo lo que involucre grandes sumas de dinero.
- Homicidios. En el pequeño pueblo o comunidad el homicidio siempre es noticia. En la urbe más grande depende del grado de misterio que lo rodee.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Un nuevo diccionario terminológico del deporte



El periodismo deportivo se ha desarrollado en los últimos años hasta forjar un lenguaje específico propio, que ha adquirido una nueva consideración por parte de filólogos y académicos al contribuir de forma decisiva en la evolución del idioma creando usos lingüísticos y aportando al diccionario palabras y significados nuevos, exportándolos a otros campos como la política, la publicidad o la economía, e integrándolos en el acervo léxico común.

No obstante, pese a tratarse de una realidad lingüística viva y de enorme repercusión social, el lenguaje deportivo no está lo suficientemente recogido en obras de referencia como diccionarios de uso, diccionarios de dudas y diccionarios terminológicos.

De ahí la atención especial que merecen libros como el Diccionari general de l’esport, publicado recientemente por el Centre de Terminologia TERMCAT, que viene a ampliar y complementar el estudio sobre el alcance del vocabulario deportivo de otras obras como el Diccionario de Términos Deportivos (2003) de Recaredo Agulló y el Diccionario Terminológico del Deporte (2005), escrito por Jesús Castañón.

El TERMCAT, cuyo Consejo de Dirección, está integrado por representantes de la Generalitat de Catalunya, l'Institut d'Estudis Catalans y el Consorci per a la Normalització Lingüística, es una institución pionera en España al abordar la importancia deporte como fuente de producción léxica. De hecho, el título que aquí nos ocupa constituye una continuación de los Diccionarios de los deportes olímpicos que editó el propio TERMCAT en 1992 con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona y que fue actualizando en su web (www.termcat.cat).

El Diccionari general de l’esport, que también cuenta con una versión disponible en línea, aglutina más de 13.000 términos y expresiones de 80 modalidades deportivas diferentes. Al igual que aquel conjunto de cuadernos editados en 1992, en esta obra cada término (y su explicación) están en catalán, y aparece con sus correspondientes traducciones al español, inglés y francés.

Sin duda, un manual de enorme valor y utilidad para todos aquellos aficionados, practicantes, periodistas, traductores y correctores interesados en profundizar en el conocimiento de una parcela idiomática tan amplia y diversa como es el mundo del deporte.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Los peligros de internet como fuente periodística

El papel del periodista consiste en seleccionar y buscar la información, en interpretarla y verificarla antes de la redacción. Sin embargo, ocurre a menudo que, debido al cúmulo de trabajo o la falta de tiempo, se pulse un número reducido de fuentes por información publicada.

Cuanto mayor sea la cantidad, la calidad y la diversidad de las fuentes que se utilicen, mayor será la posibilidad de contar de forma creíble lo que más les interesa a los lectores y, por tanto, mayor será el estatus profesional del periodista y el prestigio del medio de comunicación. Cuantas más fuentes, más puntos de vista, más precisión en la información y más cerca está el ciudadano de la verdad.

En los últimos años internet se ha convertido en la gran fuente de conocimiento actual, al ser de fácil acceso y barata. No obstante, su uso como fuente periodística exige ciertas reservas, porque las informaciones que por ella circulan pueden ser proporcionados por cualquier ciudadano amparado incluso en el anonimato, proliferan libremente, se superponen y se distribuyen sin el control ni el contraste de fuentes necesario para garantizar el cumplimiento del derecho público a recibir una información veraz.

Todo esto hace que esta información sea menos fiable, incluso que a veces no sirva, y exige un mayor control de validación y verificación por parte de los periodistas.

Sobre esta cuestión tan actual ya reflexionaron los profesores norteamericanos Bill Kovach (presidente de The Committee of Concerned Journalists) y Tom Rosenstiel (director de The Project for Excellence in Journalism) en su obra Los elementos del periodismo (Madrid,2003, Ediciones El País).

Ambos advierten de los peligros de la red como fuente y de su incidencia negativa en el comportamiento del periodismo actual:

“A medida que los periodistas pasan más y más tiempo tratando de sintetizar la cada vez mayor afluencia de datos que facilitan los nuevos portales de información, existe el riesgo de que lleguen a desempeñar un papel más pasivo, de que lleguen a ser más receptores que recopiladores”.

Y añaden:

“Es posible que mejorar la disciplina de la verificación sea el paso más importante que los periodistas puedan dar para mejorar la calidad de la información y el debate público. A fin de cuentas, esa disciplina es lo que distingue al periodismo de otras actividades y crea un motivo económico que sigue existiendo. Una disciplina de verificación más consciente es el mejor antídoto para que el viejo periodismo de verificación no se deje atropellar por el nuevo periodismo de la aserción y proporcione a los ciudadanos una base para confiar en la actividad periodística”.