viernes, 17 de diciembre de 2010

José Manuel Blecua, artífice del primer Libro de Redacción de La Vanguardia hace casi 25 años

El recién nombrado director de la Real Academia Española de la Lengua, José Manuel Blecua, llega a su nuevo cargo tras una larga trayectoria como catedrático universitario y académico dedicado al estudio de la Fonología y la Fonética (es de hecho el responsable de este capítulo dentro de la Nueva Gramática de la Lengua Española).

Asimismo, también es un consumado y reconocido experto en el uso del lenguaje en los medios de comunicación. La noticia de su nombramiento nos permite recordar que en su currículum también figura, en un apartado destacado por lo que supuso en su momento, ser uno de los autores del primer Libro de Redacción del diario barcelonés La Vanguardia en el año 1986.

Han pasado casi 25 años desde que el director del rotativo, Francesc Noy, encargó a Blecua y al también profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Juan Carlos Rubio que se ocuparan de la redacción definitiva de la parte del texto dedicada al estudio del idioma (del apartado relativo a la redacción periodística y de la coordinación de la edición se ocupó el periodista y profesor Josep María Casasús).

La confección de este Libro de Redacción fue un hito en la historia de la normalización lingüística de los medios informativos en España, ya que hasta entonces solo habían editado manuales de estilo la agencia EFE y el diario El País. La publicación de esta obra, que curiosamente coincidió ese mismo año con la elaboración del primer libro de estilo de la otra gran cabecera de Barcelona, el Periódico de Catalunya, fue el primer conjunto de normas creadas para un periódico escrito en castellano y publicado en Cataluña, lo que implicó la necesidad de incorporar en él las posibles variantes idiomáticas respecto a otros libros de estilo confeccionados en el ámbito de habla hispana. De ahí su relevancia.

Tal como señala Noy en la introduccción de la obra, "este libro aparece como parte de "una labor metódica y ordenada de articulación y organización de la redacción" y tiene como objetivos "rl diseño y la utilización de criterios racionales y de eficacia profesional adecuados a la transformación que impulsan los progresos tecnológicos y los avances de un ejercicio de la función periodística que responda a las demandas del lector actual".

"Estos propósitos deben concretarse, entre otras cosas, en un manual que, más allá de los límites del clásico libro de estilo, reúna los requisitos de un Libro de Redacción que, además de los problemas de ortografía, morfología y gramática tratados desde la perspectiva periodística, incluya también los textos básicos relativos a la orientación general del diario".

Fernández Beaumont recuerda que con esta obra La Vanguardia se situó en una nueva dimensión de libros de estilo al hacer referencia no solo a normas lingüísticas y redaccionales, sino también a los principios ideológicos que han de inspirar e identificar a todo medio de comunicación. Sin duda, fue un texto que abrió el camino a otros muchos medios de comunicación en lengua española.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Americanismos habituales y futuros en el lenguaje deportivo


El flamante Diccionario de Americanismos supone la culminación de una línea de trabajo emprendida hace algunos años por la Asociación de Academias de la Lengua Española para fomentar un uso panhispánico del idioma, primero con el Diccionario Panhispánico de Dudas en 2005 y con la Nueva Gramática, presentada a finales 2009.

Con esta última obra académica, se pone de manifiesto la extraordinaria riqueza y variedad léxica del idioma español de América, una vasta área de países de donde nos llegan continuamente multitud de vocablos, giros y rasgos fonéticos, gramaticales o semánticos peculiares.

Los americanismos también han sido una constante histórica en el lenguaje deportivo. Los medios de comunicación especializados en cubrir competiciones deportivas fueron de los primeros en España en incorporar términos y expresiones hispanoamericanas a sus crónicas, principalmente las de índole futbolística.

Así, muy pronto, cuajaron con éxito voces como hincha (original de Uruguay) como sinónimo de aficionado o, más recientemente, clásico, interesante aportación del español suramericano para referirse a los encuentros deportivos de gran rivalidad y que ha pasado a emplearse en lugar de derbi en los casos donde los duelos no son locales ni regionales.

Otras palabras, como cotejo, que en México se utiliza como equivalencia de partido o encuentro; o bolero, denominación popular en países como Nicaragua, Cuba o Venezuela de aquello que está relacionado con el béisbol; han corrido menor suerte y aún no han sido registradas en el DRAE. Como tampoco lo están las futboleras rabona, achique, chilena o dupla, aunque quizá sea solo cuestión de tiempo porque son muy comunes en el argot periodístico deportivo.

Lo cierto es que, a medida que el deporte se proyecta de forma universal en los medios, sobre todo ahora a través de internet, los americanismos resultan cada vez más familiares. He aquí algunos de ellos, los registrados en la vigésima segunda edición del diccionario académico de 2001:

. alberca (México): piscina deportiva
. campeonar (Perú): ganar un campeonato
. cesteril (Chile): perteneciente o relativo al baloncesto
. equipero (Guatemala): jugador de un equipo
. golero (Uruguay): portero (º jugador que defiende la portería).
. gambeta (Argentina): en el fútbol, regate
. magiar (de magia, en El Salvador): en el fútbol, hacer buen juego con la pelota, no dejando que la arrebate el jugador contrario
. pedalero (Chile): perteneciente a o relativo al ciclismo, ciclista
. penal (Argentina): penalti
. pileta (Argentina, Bolivia y Uruguay): piscina deportiva
. réferi (Perú, México) o referí (Argentina): árbitro
. repechaje (El Salvador): en fútbol, última oportunidad que se da a un equipo para que continúe en una competición

Esta lista es solo un comienzo. La iremos ampliando en sucesivos posts, si quieren, a partir de sus sugerencias y aportaciones.


lunes, 6 de diciembre de 2010

Glosario terminológico básico para informar sobre lesiones de deportistas

El periodista deportivo no solo debe adquirir y demostrar competencia para informar sobre torneos y analizar resultados y declaraciones de los protagonistas, sino que además está obligado a familiarizarse con los términos jurídicos propios de los procedimientos derivados de la competición y en los que muy a menudo incurren presidentes, árbitros o jugadores, así como con el léxico científico sobre sustancias dopantes y aspectos médicos que son inherentes a la práctica deportiva, como las lesiones y las enfermedades.

Ciertamente, no resulta sencillo a veces detallar la explicación de una lesión cuando no se es precisamente un experto en la materia y hay que recurrir a la explicación de los servicios médicos de un club o de una federación para informar de lo ocurrido. El parte médico suele sacar de dudas al periodista deportivo sobre el alcance o gravedad de los hechos, pero también exige al profesional un trabajo de interpretación y traducción para transformar un texto eminentemente técnico en otro de carácter divulgativo que sea fácilmente comprensible para el gran público al que se dirige.

Debido a la gran relevancia que ha adquirido el deporte como producto informativo de consumo masivo en las sociedades contemporáneas, resulta más que necesaria la existencia de herramientas que permitan a los periodistas solventar con éxito y el máximo rigor posible su labor diaria de informar a partir de un correcto uso del lenguaje, tales como los libros de estilo o los diccionarios de uso y terminológicos.

Entre esas obras, se encuentra el Diccionari general de l´esport del Termcat, al que ya nos hemos referido anteriormente en este blog y que incluye en su parte final un anexo de suma utilidad sobre las diferentes lesiones y enfermedades que puede padecer un deportista.

Este apéndice presenta la clasificación del sistema de lesiones deportivas Orchard (Orchard Sports Injury Classification System, OSICS-10) elaborada por el Departamento de Medicina del Deporte de la Universidad de Sidney (Australia). Cada entrada aparece primero en catalán y, a continuación, lo hacen sus correspondencias en español e inglés.

Además, lo hace de forma clara y concisa en dos grandes apartados, uno sobre lesiones del sistema locomotor directamente relacionadas con la actividad física y otro sobre otros aspectos médicos más generales que pueden afectar a un deportista como anomalías congénitas, enfermedades, diagnósticos, procesos posoperatorios, tratamientos, revisiones médicas o lesiones de deportistas con algún tipo de discapacidad.

La clasificación se estructura en cuatro niveles de detalle, referidos primero a la localización anatómica (cranoencefálicas, de cuello, espalda, brazos, tórax, abdomen, columna, rodilla, cadera, pie, tobillo, etc.) tipología, estructura anatómica dañada y, por último, a la ampliación de diagnóstico con una descripción detallada del problema.

Con instrumentos como este, será mucho más fácil para un periodista encarar la complejidad de un parte médico e incluso poder confrontar con otras opiniones y un análisis propio las consecuencias derivadas de un diagnóstico que resulte sorprendente o dudoso. Diccionarios y manuales de aplicación inmediata como este deben ser aprovechados para la consecución de un periodismo de calidad.