martes, 28 de diciembre de 2010

Los libros de estilo empiezan a mirar hacia internet y a los ciudadanos. The Associated Press (AP) muestra el camino


La expansión de la prensa digital en los últimos años no se ha visto acompañada por la adaptación de las normas de estilo de los diferentes medios a las características de la red. No solo escasean los manuales de estilo ciberperiodísticos, sino incluso las referencias particulares a la redacción digital dentro de los propios libros de estilo de medios impresos o audiovisuales.

Entre las contadas excepciones que se pueden enumerar, figuran el periódico argentino La Voz del Interior, que en 2006 se convirtió en el primer medio en lengua española en editar un libro de estilo exclusivamente dirigido a la redacción periodística en internet (Manual de principios, valores y estilo); el diario digital en lengua catalana Vilaweb, que se dota de una herramienta propia en 2005; y la cadena estatal de radiotelevisión británica BBC (Editorial Guidelines), que incorpora en su capítulo ‘Interactuar con la audiencia’, un apartado sobre el procedimiento de control y revisión de los contenidos creados por los usuarios en la red.

Sin embargo, si hay un medio que sobresale por actualizar permanentemente su libro de estilo y ser uno de los primeros en incluir referencias a la redacción en internet, ese es la agencia norteamericana AP. De hecho, The Associated Press Stylebook and Briefing on Media Law recoge desde su edición de 2002 un glosario, denominado ‘AP Internet Guide’, de términos especializados sobre informática e internet, algunas pautas para la investigación periodística con recursos digitales, y algunas orientaciones sobre cómo citar direcciones de internet en una información.

Este glosario se revisó y amplió en 2010 con la introducción de un apartado con recomendaciones para el uso de las redes sociales como herramientas periodísticas y nuevas voces de uso común en la red; y para 2011 prepara una nueva actualización que incidirá en la estandarización del uso de la terminología más común en internet, así como en los nuevos formatos periodísticos digitales.

Para ello, según anuncia el director adjunto de Estilo de AP, David Minthorn, la agencia tomará en consideración muchas de las propuestas y sugerencias efectuadas por lectores y redactores a lo largo de los últimos meses en un buzón de participación abierto al público por los responsables de esta agencia con el objetivo de mantener el libro de estilo vivo, actualizado y acorde a la realidad lingüística de los usuarios.

martes, 21 de diciembre de 2010

Los extranjerismos deportivos cambiantes según la Nueva Ortografía

El periodismo deportivo ha ido introduciendo en la lengua común multitud de palabras y expresiones de procedencia extranjera, debido sobre todo al hecho de que la mayoría de las disciplinas nacieron y se desarrollaron inicialmente en otros países (de manera destacada el Reino Unido; en las últimas décadas, Estados Unidos; Francia en el caso de disciplinas como la hípica, deportes aéreos, ciclismo o alpinismo; y Japón en muchas de las artes marciales), de cuyos idiomas llegaron para conformar una terminología amplia y variada.

Muchos de estos extranjerismos deportivos son realmente superfluos o innecesarios porque designan conceptos para los que ya existen correspondencias en español (tenis de mesa-ping pong, tie break-muerte súbita, safety car-coche de seguridad, indoor-bajo techo), mientras que otros tantos son necesarios porque se refieren a nuevas realidades (boxes, pívot, croché, melé) o están simplemente muy extendidos entre la población y se han mantenido en su grafía original (maillot, turf, handicap, playoff, set).

Ante esta llegada masiva de extranjerismos para definir nuevas realidades dentro del idioma en general y del lenguaje deportivo en particular, la Asociación de Academias de la Lengua Española, en su esfuerzo permanente por estandarizar la norma y un uso panhispánico del idioma, se ha decantado claramente por la hispanización de cuantos más términos foráneos mejor, teniendo en cuenta tres principios fundamentales: la afinidad fonética, la etimología y el uso.

Así queda plasmado en la recientemente publicada Nueva Ortografía, donde los académicos apuestan por adaptar la escritura originaria de todas las palabras procedentes de otras lenguas prescindiendo de las letras que no tienen reflejo en su pronunciación. Así, por ejemplo, ahora se escribirá yudo (en lugar de 'judo'), mánayer (y no 'manager'), yúnior (en vez de 'junior') o márquetin (y no 'marketing').

En este sentido, la Nueva Ortografía sigue la línea iniciada por el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005), que ya recogía la necesidad de adaptar la pronunciación o de la grafía de palabras extranjeras cuando las posibles equivalencias se encaminan a "preservar el alto grado de cohesión entre forma gráfica y pronunciación característico de la lengua española".

Esta adaptación al español se hace por dos vías: o bien manteniendo la grafía original pero con pronunciación y acentuación española (máster, tránsfer) o bien conservando la pronunciación original aun habiendo adaptado la forma extranjera al sistema gráfico español (pádel, esprín).

La Nueva Ortografía también señala que, en el caso de los extranjerismos más extendidos, se podrá mantener la grafía y pronunciación originarias siempre y cuando se escriban con cursiva o comillas para señalar su carácter ajeno a la ortografía del español. No obstante, advierte de que el hecho de que una voz extranjera tenga un uso internacional no significa que haya que bloquear el proceso de adaptación a la lengua española, al que hay que considerar siempre en marcha.

Por todo ello, no es de extrañar que de aquí a unos años la ortografía de muchos extranjerismos sea muy distinta a la que hoy conocemos y que, por ejemplo, sean habituales escrituras como bogui ('bogey'), ápercat ('uppercut') o rali ('rally'), al igual que está ocurriendo, siempre en algunos países más que en otros, con cadi ('caddie'), derbi ('derby'), crac ('crack'), ranquin ('ranking') o ampáyer ('umpire'),

Está claro que el tiempo dará y quitará razones. Entretanto, mientras los académicos se deciden a incluir nuevas voces en los diccionarios, los medios de comunicación seguirán registrando nuevos usos y dando forma a nuevos vocablos importados.

viernes, 17 de diciembre de 2010

José Manuel Blecua, artífice del primer Libro de Redacción de La Vanguardia hace casi 25 años

El recién nombrado director de la Real Academia Española de la Lengua, José Manuel Blecua, llega a su nuevo cargo tras una larga trayectoria como catedrático universitario y académico dedicado al estudio de la Fonología y la Fonética (es de hecho el responsable de este capítulo dentro de la Nueva Gramática de la Lengua Española).

Asimismo, también es un consumado y reconocido experto en el uso del lenguaje en los medios de comunicación. La noticia de su nombramiento nos permite recordar que en su currículum también figura, en un apartado destacado por lo que supuso en su momento, ser uno de los autores del primer Libro de Redacción del diario barcelonés La Vanguardia en el año 1986.

Han pasado casi 25 años desde que el director del rotativo, Francesc Noy, encargó a Blecua y al también profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Juan Carlos Rubio que se ocuparan de la redacción definitiva de la parte del texto dedicada al estudio del idioma (del apartado relativo a la redacción periodística y de la coordinación de la edición se ocupó el periodista y profesor Josep María Casasús).

La confección de este Libro de Redacción fue un hito en la historia de la normalización lingüística de los medios informativos en España, ya que hasta entonces solo habían editado manuales de estilo la agencia EFE y el diario El País. La publicación de esta obra, que curiosamente coincidió ese mismo año con la elaboración del primer libro de estilo de la otra gran cabecera de Barcelona, el Periódico de Catalunya, fue el primer conjunto de normas creadas para un periódico escrito en castellano y publicado en Cataluña, lo que implicó la necesidad de incorporar en él las posibles variantes idiomáticas respecto a otros libros de estilo confeccionados en el ámbito de habla hispana. De ahí su relevancia.

Tal como señala Noy en la introduccción de la obra, "este libro aparece como parte de "una labor metódica y ordenada de articulación y organización de la redacción" y tiene como objetivos "rl diseño y la utilización de criterios racionales y de eficacia profesional adecuados a la transformación que impulsan los progresos tecnológicos y los avances de un ejercicio de la función periodística que responda a las demandas del lector actual".

"Estos propósitos deben concretarse, entre otras cosas, en un manual que, más allá de los límites del clásico libro de estilo, reúna los requisitos de un Libro de Redacción que, además de los problemas de ortografía, morfología y gramática tratados desde la perspectiva periodística, incluya también los textos básicos relativos a la orientación general del diario".

Fernández Beaumont recuerda que con esta obra La Vanguardia se situó en una nueva dimensión de libros de estilo al hacer referencia no solo a normas lingüísticas y redaccionales, sino también a los principios ideológicos que han de inspirar e identificar a todo medio de comunicación. Sin duda, fue un texto que abrió el camino a otros muchos medios de comunicación en lengua española.