jueves, 7 de abril de 2016

Las primeras crónicas olímpicas

Portada de Le Figaro, 13-04-1896. Crónica:
"Los Juegos Olímpicos", de Hughes Le Roux.
La crónica deportiva es un género en el que cabe casi de todo y que escapa con facilidad a las clasificaciones tradicionales que suelen incluir los manuales de periodismo, desde las más clásicas de Martínez Albertos o Martín Vivaldi hasta las más actuales. Se trata de un género híbrido que, como fruto de su particular proceso de evolución dentro de un área de información especializada, se ha desarrollado con un estilo libre admitiendo muchas variaciones, con contenidos que a veces trascienden lo puramente deportivo, y desembocando en las diferentes modalidades de crónicas que conocemos en la actualidad: las hay más o menos analíticas, opinativas, narrativas (de extensión muy cambiante), cronológicamente inversas e incluso contracrónicas o notas de color, las cuales cada vez cobran más relevancia en la cobertura de grandes eventos.

La forja de la crónica como género especializado tiene su origen precisamente en los textos de enviados especiales que informaron en los inicios del sport moderno sobre las primeras competiciones a finales del siglo XIX. En aquella época, en la que todavía no había secciones deportivas en casi ningún medio y donde apenas había más especialistas que exdeportistas que pasaron a escribir de su modalidad, en la crónica de Deportes confluyeron estilos y rasgos de otros tipos de crónica como la costumbrista, la de viajes o la de corresponsal/enviado especial.

Uno de los eventos más decisivos en este sentido, por el gran impacto mediático que acabaría teniendo, fue la primera edición de los Juegos Olímpicos modernos en Atenas, que comenzaron a celebrarse un 6 de abril de 1896, esto es, hace ahora justo 120 años. Tal como recoge Antonio Alcoba en su libro Cómo hacer periodismo deportivo (1993), entre los 70.000 espectadores que fueron testigos del desarrollo de las pruebas del programa olímpico, figuraron los enviados especiales del diario londinense The Times y del parisiense Le Figaro, que empezaron a publicar ya las primeras crónicas sobre deportistas y resultados. 

También ofreció información sobre el evento, el milanés La Gazzetta dello Sport, nacido solo tres días antes de la ceremonia de inauguración, y que, jornadas más tarde, el 13 de abril, dedicó su editorial a contar cómo fue la inauguración. Este texto, titulado "I Giuochi Olimpici", más que opinión, resultó ser una crónica. Comenzaba así: "El lunes 6 se organizaron los festejos de los Juegos Olímpicos. Las enormes expectativas que había para estos Juegos realmente no fueron superiores al resultado. El primer día fue espléndido y ni la participación del público ni la propia competición de los Juegos desde un punto de vista deportivo dejaron nada que desear..." .

Por su parte, el francés Le Figaro publicó de forma más regular crónicas desde el lugar de los hechos. Para ello contó con el periodista y novelista Hugues Le Roux (VER arriba la imagen de la primera página), quien narró así cómo el atleta estadounidense Robert S. Garrette se impuso en lanzamiento de disco al griego Panagiotis Paraskevopoulos, en una traducción realizada por Ángel Vázquez en Pasaporte: "Atenas puso en combate a dos sujetos equilibrados y entrenados: Verses y Paraskevopoulos. Este último parecía seguro de la victoria, cuando llegó el turno del americano Robert Garette. Maravillosamente elegante, encerrando en su fuerza un halo de flexibilidad tan sencilla que parecía fundirlo y anegarlo todo, lanzó el disco más allá de los 29m, algunas pulgadas más lejos que su adversario heleno. Entonces, desde lo más hondo de los pechos de todos estos jóvenes de New-Suffolk y de Boston, salió un triple “hurra” que seguro se escuchó más allá del mar oceánico. Fue mucho mejor que una explosión de vencedores, fue un grito de noble y larga alegría. Seguramente, en ese minuto, estos chicos del nuevo continente, los últimos llegados del mundo, que lo mismo triunfan y lo mismo sufren por no encontrar tras ellos tradición alguna, han sentido que, por la virtud del laurel olímpico, ellos lograban ser, también, ciudadanos de la ciudad ideal que domina desde sus ruinas todas las civilizaciones y todas las razas".

Le Figaro, 07-04-1896.

También en Le Figaro firmó las crónicas Paul Meyan, reputado periodista deportivo de entonces en su país, especialista en automovilismo y que se convertiría en 1900 en el primer redactor jefe del diario deportivo L'Auto, antecedente de L'Équipe y uno de los fundadores de l'Automobile Club de France. Tal como se observa en los registros hemerográficos de la Biblioteca Nacional de Francia (VER imagen de la izquierda), Meyan escribió una breve crónica el 7 de abril de 1896 en la que dio cuenta del comienzo de los Juegos y de la aún escasa participación internacional (atletas de 14 países) en los nueve deportes que conformaron la primera programación olímpica de la era moderna. De esta forma, el cronista se mostró bastante crítico al señalar que hubo deportes como la vela o el remo, que tras haber sido incluidos en el programa, contaron muy pocos competidores y sus pruebas fueron suspendidas. Asimismo, indica que la mayor participación fue en el atletismo, pero "los nombres de los grandes campeones no figuraban en la lista". Por último, incluyó un calendario con las diferentes competiciones.

Mientras esto ocurría en Italia y en Francia, los Juegos Olímpicos llegaron antes que el nacimiento de dos medios que impulsarían notablemente la incipiente cultura deportiva moderna en España: la revista barcelonesa Los Deportes (1897-1910), que resultó decisiva para la difusión social del sport y para sentar las bases de la construcción de una cultura deportiva nacional; y Mundo Deportivo, que vería la luz como semanario en 1906. 

Por ello, los Juegos Olímpicos de Atenas tuvieron menor repercusión en España, donde los periódicos generalistas del momento apenas se hicieron eco de mensajes telegramáticos provenientes de agencias internacionales o de crónicas publicadas por otros medios. Uno de esos despachos apareció en las páginas del barcelonés La Vanguardia el 8 de abril de 1896. Decía así: "Telegrafían de Atenas que ayer se inauguraron los juegos olímpicos [aún en minúscula por entonces]. Los presidió el rey de los helenos, ante extraordinario concurso". Fue la única referencia aquel día, con la imprecisión de que no fue "ayer" sino dos días antes. 

De oídas, ya que no estuvo en Atenas, escribió este diario una peculiar crónica el 19 de abril de aquel año, un texto ilustrado con un dibujo (VER imagen superior) en el que se informaba de una sorprendente superioridad de los "yankees" respecto a los ingleses en los "ejercicios de sport" y del malestar de estos últimos por ello, y donde destacaba las "danzas guerreras" de los soldados griegos como uno de los eventos "más notables" de los Juegos. Las crónicas olímpicas por verdaderos especialistas estaban aún por escribirse en España.

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